Su padre, el boxeador Rigoberto Garibaldi, encontró en el boxeo la forma de llegar a ganarse el pan y sacar a su familia de la pobreza.
Pero lejos de influenciar a su hijo Jaffeth Garibaldi, un potencial prospecto del equipo de béisbol profesional los Bravos de Atlanta, a seguir la dura carrera del boxeo, le aconsejó que se alejara de los gimnasios porque eso era muy duro e incluso le recordaba los duros momentos que pasó para criarlos en el pobre barrio de Curundú.
Aunque no fue fácil apartarlo del boxeo, Jaffeth llevaba eso en la sangre. Ha sido un factor importante la relación que desde el inicio de su carrera ha mantenido este joven con su progenitor.
Quería algo mejor
"Yo le dije que el boxeo era la peor cosa del mundo, que no se metiera en eso y que jugara mejor béisbol o fútbol. Le dediqué mucho tiempo y recuerdo que desde que tenía 10 años comencé a llevarlo al Juan Demóstenes Arosemena", relata Rigoberto Garibaldi, medallista de bronce en un campeonato mundial de boxeo aficionado.
Y el correr del tiempo le ha dado la razón a Garibaldi, quien reconoce lo orgulloso que se siente al ver el acelerado crecimiento que ha tenido Jaffeth en las fincas de los Bravos.
Esta joven promesa del béisbol, que en sus pinitos fue ayudado por el instructor Martín Crespo, ha demostrado tener las habilidades beisbolísticas para llegar muy lejos.
El reporte de los Bravos de Atlanta tras su primer año en las fincas así lo avala.
Si no sucede nada extraño, Jaffeth Garibaldi será el receptor titular en la Liga Rookie de los Bravos.

