Cuando el bateador designado de Panamá Metro Antonio García abanicó su segundo strike en el partido del pasado lunes ante Chiriquí en el estadio Rod Carew y su bate fue a dar a la caseta del equipo de Chiriquí, jamás imaginó que ese incidente pudiese haber cambiado el rumbo de ese encuentro pese a que terminó ponchándose para el primer out .
Se jugaba la parte baja del quinto episodio del partido que hasta ese momento ganada cómodamente Chriquí 5 a 0 y de paso tenía en la balanza el invicto de 7-0 de los capitalinos.
En su instinto de conservación por evitar ser golpeados por el bate de García, peloteros y directores de la novena chiricana se olvidaron del vaso con agua con el cual habían estado mojando el terreno frente a su dogout en los episodios iniciales y todo su contenido se derramó.
En circunstancias normales, lo del vaso de agua que se derramó no tendría nada de particular, de no guardar relación con la práctica supersticiosa de los chiricanos de lanzar agua al terreno desde su caseta para alejar los "malos espíritus" luego de que el equipo arrancó la temporada con una mala racha de cuatro derrotas seguidas.
Según describió el corresponsal de este diario Boris Gómez, en nota publicada el domingo 4 de marzo, el asunto comenzó a llamar la atención de los aficionados chiricanos que asistieron al encuentro del jueves 1 de marzo en el Kenny Serracín de David, en el cual Chiriquí derrotó a Los Santos 7 a 2, como parte de un repunte que le hizo llegar al partido del lunes ante los metropolitanos con foja de 5-4 en ganados y perdidos.
Y el pasado lunes en el Rod Carew todo indicaba que se encaminaban a su sexto triunfo consecutivo. Pero una vez el bate de Antonio García tumbó el vaso con el "agua de la salvación", como lo describió el colega Boris Gómez en su nota, el equipo chiricano comenzó a desmoronarse en su defensiva, ante el asombro del director cubano Franger Reynaldo y su asistente de la misma nacionalidad René Bello.
Nada le salía bien a los chiricanos y el abridor Roger Serracín, que hasta ese momento había estado prácticamente indescifrable en sus lanzamientos tolerando apenas dos hits, fue explotado y saltó del montículo con las almohadillas repletas luego de aceptar tres anotaciones.
José Luis González entró en auxilio de Serracín y en momentos que realizaba sus lanzamientos de calentamiento fue la naturaleza la que comenzó a transformarse en el área del coloso de Cerro Patacón. Primero fue una ligera llovizna acompañada de una fuerte brisa y poco después se produjo un apagón que motivó la suspensión del partido en momentos en que los metropolitanos amenazaban seriamente con darle vuelta a la pizarra.
Ahora el juego tendrá que ser reprogramado en las mismas condiciones en que se suspendió para saber cuál será el final de esta trama.
