El empate en Costa Rica abrió las esperanzas para que Panamá continúe soñando por lo menos con ese cuarto puesto para el repechaje al Mundial de Rusia 2018. Pero para seguir ilusionado, mañana habrá que ganarle a Honduras en el Rommel Fernández. En eso todos coincidimos.
Muchos menospreciaron el empate por haber jugado gran parte del segundo tiempo con un jugador de más, como si nos hubiéramos enfrentado a Deportivo Tapita.
El jueves se sufrió en los minutos finales, porque Costa Rica, con uno menos, pudo haber ganado, como también estuvo más cerca de perder, pero para su fortuna los ticos se salvaron porque en frente tenían a Panamá, una selección que ha progresado en todo menos en la definición y en la puntería para finalizar las llegadas cuando se mide a países grandes como el costarricense.
Si por esas cosas de la vida los ticos nos hubieran ganado, la afición habría crucificado a la selección. Porque el empate era lo más justo que se veía por la manera como se desarrolló el partido. Por fortuna se igualó y se cortó una racha de 7 partidos, en un lapso de 29 años, sin sacar puntos en Costa Rica en eliminatorias. Era para celebrarlo.
Sin embargo, el sufrimiento con la selección va a continuar si mañana no se derrota a los catrachos. No me interesa quiénes jueguen, lo que me importa es que afinen la puntería para materializar con goles las llegadas, porque de lo contrario los intentos solo quedarán como anécdotas del partido.
Es decir, que el sufrimiento del jueves se mantiene latente para la selección, porque si no se gana mañana la gente no se lo va a perdonar ni a los jugadores ni al Bolillo Gómez.
Ya después se podrá respirar mejor siempre y cuando se gane. Claro que vendrán más sufrimientos, porque esto es una eliminatoria. Nada comparable con una Copa Oro ni de Uncaf.