Tampa (Florida) se convertirá este domingo en la primera ciudad en hospedar un Super Bowl en el que compite su propio equipo, los Buccaneers, entre grandes restricciones para evitar que el mayor evento deportivo de Estados Unidos cause un repunte del coronavirus.
Un triunfo de los Buccaneers en la final de la liga de football americano (NFL) coronaría una temporada deportiva especial para esta ciudad de 400 mil habitantes, que también vio como sus Lightning ganaban la Copa Stanley de la liga de hockey sobre hielo (NHL) y los Rays alcanzaban la Serie Mundial de béisbol.
Pero aunque Tom Brady y los Bucs disponen de la inédita ventaja de enfrentar a Patrick Mahomes y los Kansas City Chiefs como locales, las gradas del Raymond James Stadium solo podrán tener una ocupación por debajo de la mitad, con unos 25 mil aficionados de los 65 mil que puede albergar, lo que será un récord de baja asistencia al evento.
Unas 7 mil 500 de esas entradas fueron reservadas para trabajadores sanitarios ya vacunados, como gesto de agradecimiento por su labor en la batalla contra el coronavirus, que ha tenido en Florida uno de los principales escenarios en el país.

Refuerzan medidas
Las autoridades de Tampa, donde se han detectado casos de la variante británica, han reforzado las medidas de prevención para que el Super Bowl y los miles de aficionados que atrae no afecten a esta tendencia.
La alcaldesa Jane Castor emitió para ello una orden que exige el uso de mascarillas en las zonas de ocio durante la tradicional semana de festejos alrededor del Super Bowl, que incluye conciertos y muchas otras actividades para los visitantes.
Los esfuerzos de la ciudad y la pérdida de ingresos para su economía respecto a un Super Bowl normal llevaron al comisionado de la NFL, Roger Goodell, a avanzar que se consideraría a Tampa de nuevo como sede a partir de la próxima edición vacante, en 2024.
Con más de 450 mil personas fallecidas en Estados Unidos, 27 mil de ellas en Florida, desde el último Super Bowl, la propia NFL reconoció el reto que supondrá ofrecer un espectáculo equilibrado entre la diversión y el respeto.
“Estamos intentando encontrar el tono adecuado para este año, a la vez que proporcionar un poco de esperanza”, dijo Peter O’Reilly, vicepresidente ejecutivo de eventos de la NFL, al diario The New York Times.
