Con un acto a lo grande en el Camp Nou, donde construyó su leyenda como jugador, Xavi Hernández arrancó ayer su etapa como técnico del Barcelona, arropado por unos 10 mil aficionados que confían en que sea él quien logre devolverle al club el brillo perdido.
Al grito de “¡Xavi, Xavi!”, el genial excentrocampista saltó al césped donde marcó una época, vestido ahora de traje, para firmar su contrato junto a su familia y al presidente del Barcelona, Joan Laporta.
“Muchas gracias. No me quiero emocionar, pero estoy muy ilusionado. Como os dije cuando me fui de aquí, somos el mejor equipo del mundo y el Barça necesita exigencia, no se puede empatar ni perder, aquí hay que ganar”, prometió Xavi a la afición.
“Hoy es un día histórico para el Barça”, acotó Laporta, sonreído, poco después de rubricar el compromiso que tanto costó cerrar durante la semana pasada, y que acabó con el pago de la millonaria cláusula al Al-Sadd catarí para lograr la libertad de Xavi.
La euforia del recibimiento –con un acto en el propio césped, algo inédito para un técnico–, no opacó, sin embargo, la magnitud del reto que tiene por delante el catalán. A los 41 años, y seis después de haberse marchado del club donde creció, Xavi tiene muy claro por dónde empezar.
“No hace falta ser duro. Vengo con una idea muy clara, la he puesto en marcha en el Al-Sadd, y nos ha salido muy bien”, refrendó respecto a sus dos años como técnico en Catar, donde conquistó varios títulos locales.

