Los datos más recientes sobre el flujo de la inversión extranjera directa en el país reflejan una recuperación respecto al año 2020, pero también que queda camino por recorrer para recuperar los niveles previos a la pandemia.
Al cierre del tercer trimestre del año, según reveló esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Censo, el flujo de inversión extranjera directa del país fue de $1,611.2 millones, cifra que representa un aumento de 61% o $610.7 millones más que en el mismo periodo del año anterior.
Roger Durán, analista económico del Centro Nacional de Competitividad (CNC), dijo que se trata de resultados positivos que indican cierta normalización del flujo de inversión.
Se trata de un repunte importante, pero “hay que tomar en consideración que el aumento de 61% es en comparación con 2020, año que inició la crisis, y por lo general siempre que hay una crisis se observa una recuperación significativa. Esto nos lleva a reflexionar en que todavía hay un trabajo por hacer para lograr por lo menos llegar a cifras del año 2019”, dijo el analista.
En concreto, en todo el año 2019 el flujo de inversión extranjera directa fue de $4,062.9 millones. Y en los tres primeros trimestres del año había sumado prácticamente $3,400 millones. Por lo tanto, el flujo de inversión extranjera en el mismo periodo de 2021 fue un 52.6% inferior a su similar de hace dos años.

Durán señaló que en los últimos años se había producido un debilitamiento de las inversiones en el mundo y en Latinoamérica, situación de la que Panamá no escapó. “Además, el impacto de la pandemia, la afectación del comercio mundial, la cadena de valores y suministros, y las restricciones a la movilidad de las personas, dieron como resultado que la crisis económica se profundizara a lo largo del año 2020 y aún se muestran afectaciones al valor de la inversión extranjera directa al tercer trimestre 2021, en comparación con el 2019”.
El componente que marcó la evolución positiva de la inversión extranjera directa en 2021 es el de las utilidades retenidas. Para el tercer trimestre, las reinversiones sumaron $1,592.0 millones, representando el 98.8% de la inversión extranjera, esto, como consecuencia de la reactivación y del regreso de las empresas a números positivos.
El analista añadió que a medida que se vayan reactivando operaciones y proyectos que fueron afectados por la pandemia y aumente la confianza del inversionista, el flujo de inversión extranjera aumentará, “siempre y cuando nos mantengamos competitivos y seamos un buen receptor de inversión extranjera”.
"Todavía hay un trabajo por hacer para lograr por lo menos llegar a cifras del año 2019 y se debe considerar la crisis como una oportunidad para mejorar la competitividad”.
Roger Durán, analista económico del CNC
Más allá de los efectos de la pandemia, el país ya venía perdiendo competitividad en los años anteriores, como refleja la pérdida de posiciones en clasificaciones como el Índice de Competitividad Global.
El país tiene, por tanto, una serie de tareas pendientes. Durán se refirió a la importancia de contar con reglas del juego claras; fortalecer el marco legal asociado a la transparencia, ética y corrupción; el capital humano calificado; la simplificación y digitalización de procesos y trámites; fomentar las asociaciones público-privadas; revisar el código laboral para eliminar cuello de botella en la contratación de personal.
De igual forma, a su juicio, se deben fortalecer las competencias en actividades que se posicionan con fuerza tras la pandemia, como el comercio electrónico, las tecnologías de la información y la comunicación, agricultura, suministros médicos, salud y cuidado personal, así como desarrollar infraestructuras para integrar todo el territorio nacional para facilitar la instalaciones y desarrollo de empresas o inversiones en el interior del país.
Entre las grandes apuestas de Panamá para captar inversión extranjera están algunos regímenes especiales como el de Sedes de Empresas Multinacionales, creado en 2007, y el más reciente régimen especial para el establecimiento y la operación de empresas multinacionales para la prestación de servicios relacionados con la manufactura, conocido por las siglas EMMA.
Con este marco legal Panamá pretende atraer a empresas que se dediquen a la manufactura de productos, ensamblaje, desarrollo de productos e investigación, así como actividades logísticas.
El país pretende sacar provecho del fenómeno del nearshoring, una reestructuración de las cadenas de suministro que está acercando los centros de producción a los mercados de consumo.
Entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo han destacado el potencial que tiene Panamá, por su ubicación y conectividad, entre otros factores, para captar inversiones en virtud de esta nueva tendencia.

