Exclusivo
Valor razonable

12 meses y contando

Después de 12 meses (y contando), desde el inicio de la pandemia de Covid y la cuarentena (“quédate en casa” en innumerables idiomas o, sencillamente, El Gran Encierro), se ha formado alrededor del fenómeno una industria global de opiniones sobre las consecuencias económicas de este, nuestro auto-impuesto y cuestionable simulacro de apocalipsis.

Las consecuencias económicas son masivas y visibles por simple inspección, desde el desempleo forzado de millones de seres humanos en plena capacidad productiva, pasando por la destrucción de empresas de todo tipo e instituciones económicas que funcionaban perfectamente antes del “quédate en casa” planetario, hasta llegar a la disrupción material del proceso de aprendizaje de niños, adolescentes y adultos jóvenes.

Una enfermedad, independientemente de su origen, es un fenómeno natural. Las consecuencias sociales emanan de nuestra respuesta a ella y fue la respuesta de los gobiernos a una crisis sanitaria a la cual no se la ha dado y aparentemente no se le piensa dar una explicación satisfactoria la que ha ocasionado esta obscena ola de destrucción material.

Cerrar total o parcialmente gran parte de la economía mundial durante 12 meses (y contando) y esperar que todo se reactive como si nada y de la misma manera en que todo se cerró, utilizando los poderes de coacción del Estado, es, en el mejor de los casos, un acto de ingenuidad irresponsable; en el peor, pura y simple mala fe.

Irónicamente, lo peor de todo esto no es la pérdida material. Una vez que a la gente se les deje continuar en paz con sus vidas, esperemos que en un futuro previsible, más temprano que tarde los engranajes de la economía global se reactivaran y recuperaremos los niveles previos de producción y bienestar material que disfrutábamos antes del Gran Encierro.

Lo grave es el precedente. En medio de la histeria, hemos abdicado muchos de nuestros derechos fundamentales, como la libertad de movimiento y nuestro derecho al trabajo. Hipnotizados por el conteo de casos durante meses nos olvidamos de que estos derechos no son una concesión del Estado, que los mismos fluyen naturalmente de nuestra condición humana, que en una sociedad verdaderamente libre el Estado no es más que un artificio para protegerlos y que, por lo tanto, no los puede revocar. Todo eso olvidamos durante 12 meses (y contando)… y los peores entre nosotros, muchos de ellos en posiciones de poder, ya han tomado atenta nota.

El autor es financista


Última Hora

  • 10:00 Surgen cerca de una docena de grupos que buscan convertirse en partidos políticos Leer más
  • 05:06 Ilya Espino de Marotta comienza una nueva era en el Canal de Panamá Leer más
  • 05:05 Minsa: crónica de lo absurdo Leer más
  • 05:04 La perpetuidad que se pudo derrotar: la utopía realizada Leer más
  • 05:03 Vicepresidentes y subsecretarios de partidos políticos quedarían sin fuero penal electoral Leer más
  • 05:02 Festival Ícaro Panamá llega a siete ciudades del interior con funciones gratuitas Leer más
  • 05:01 Cuarto Puente ya toma forma, pero aún faltan piezas clave para que los conductores puedan utilizarlo Leer más
  • 05:01 Olfato: puerta invisible a nuestro mundo interior Leer más
  • 05:01 UP manejará $379 millones en 2027, pero solo $25 millones irán a inversión Leer más
  • 05:00 Tal cual Leer más