La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) está adoptando iniciativas con el objetivo de paliar los eventuales efectos negativos que pueda causar el cambio climático en la operación de la vía.
Jorge Luis Quijano, administrador del Canal de Panamá, dijo que este fenómeno puede provocar que los veranos o temporadas secas sean cada vez más largos y que en la época lluviosa las precipitaciones sean menos intensas y con un patrón distinto al histórico.
“Las lluvias están muy intensas en octubre, noviembre y diciembre, y antes eran más intensas durante los nueve meses [de la temporada lluviosa]. Esto no es bueno para el Canal ni para el país, porque no tenemos suficientes embalses para mantener el suministro a toda la población y para el Canal a largo plazo”, matizó.
Según la ACP, el Canal es fuente de agua para casi el 60% de la población del país y las nuevas potabilizadoras que se tienen programadas tomarán el agua de los lagos Gatún y Alajuela. “Los mismos embalses son los que van a seguir suministrando más y más agua para consumo humano, lo que puede tener un impacto en la operación del Canal. Para nosotros, primero vienen los humanos y así hemos actuado. No vamos a cambiar eso, pero sería irresponsable que ante lo que estamos viendo, el Canal no se involucrara en proyectos de búsqueda de nuevos recursos hídricos que necesita el país, igual que el Canal”, manifestó el funcionario.
Quijano dijo que se han identificado posibles fuentes de agua en río Bayano (sector este), río Indio (entre Coclé, Panamá y Colón); y los ríos Parita, La Villa, Santa María y Perales, en Veraguas y las provincias centrales.
Para hacer los estudios técnicos en estas áreas, el Ministerio de Ambiente contrató a la ACP como gerente de proyecto. “Esto no va a pasar de la noche a la mañana. Estos proyectos toman entre tres y siete años en ejecución”, dijo Quijano.
Sobre la eventual competencia que supondría para el Canal el deshielo de los polos, el administrador del Canal de Panamá dijo que este es un fenómeno que se monitorea “muy de cerca”, pero no se prevé que tenga mayor incidencia en décadas.
“Aunque hay deshielo durante dos o tres meses al año en el Ártico, todavía queda hielo flotando en el mar. El buque tiene que bajar la velocidad por cuestiones de seguridad y esto hace que pierda la ventaja de utilizar esa ruta”, dijo ayer Quijano.