Alemania no ha logrado averiguar qué necesita hacer para que Donald Trump lo deje en paz.
Trump aumentó sus amenazas contra Berlín, cuando planteó la posibilidad de sanciones contra un nuevo gasoducto hacia Rusia y la retirada de algunas tropas estadounidenses.
También permanece la posibilidad de que EU aplique aranceles a sus exportaciones de automóviles y los asuntos sobre el acceso estadounidense al mercado de gas europeo.
Mientras los funcionarios alemanes intentan determinar dónde están, su punto de referencia es una reunión secreta de la Casa Blanca el 21 de mayo. Encuentros sucesivos entre Trump y la canciller Angela Merkel han expuesto una desconexión fundamental entre los dos equipos, y las conversaciones del mes pasado mostraron nuevamente que no se entienden entre sí.
En juego está la relación de Alemania con uno de sus mayores mercados de exportación. Un arancel sobre los automóviles sería un golpe para la economía dominante de Europa y para algunas de sus principales marcas, como Daimler AG, Volkswagen AG y Bayerische Motoren Werke AG.
Disputas transatlánticas que conduzcan a una energía más cara también serían un golpe para la competitividad germánica.
En la reunión, los funcionarios estadounidenses no indicaron ninguna concesión que hiciera que los aranceles sobre los automóviles desaparecieran, por lo que sus homólogos tuvieron que intentar leer entre líneas, según dos funcionarios alemanes con conocimiento de las conversaciones.
Uno dijo que sentían que EU quería algo para que Trump reclamara una victoria pública. Cree que aumentar las importaciones de gas natural estadounidense podría funcionar. Un funcionario estadounidense dijo que estaba claro que la única forma de detener los aranceles era incluir la agricultura europea en las negociaciones comerciales. Un oficial de prensa de la Casa Blanca declinó hacer comentarios.
El resultado es que los funcionarios alemanes están buscando a tientas en la oscuridad una manera de estabilizar su relación con la administración Trump.
Para sumar a la confusión, ninguna de las posibles concesiones planteadas está siquiera en poder de Berlín, ya que tanto la política comercial como la política energética están controladas por la Comisión Europea en Bruselas.
