Estamos en el inicio de un nuevo año lleno de interrogantes, de optimismo y ante una nueva estrategia comercial.
Un periodo de esperanzas, un año en el que pondremos toda la carne en el asador para exponer nuestras bondades turísticas, pero nada será posible si no contamos con el apoyo de nuestro gobierno en varios temas de interés nacional, como desempolvar la ley de turismo para las agencias de viajes, armar un plan de trabajo con inspectores de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) en puntos estratégicos de la ciudad, como las esclusas de Miraflores, Panamá Viejo y Casco Antiguo.
Las autoridades deben visitar a las empresas que participan en el sector turístico para ver si cumplen con el Código de Trabajo; si están al día con la cuota del seguro social, si cuentan con su RUC, máquinas fiscales y si pagan impuestos.
Es importante apoyar a los alcaldes en áreas turísticas como Portobelo, San Lorenzo, zonas costeras y playas, y comunidades emberá. En todos estos sitios la basura está al alcance de todas las miradas, por lo que se debe aplicar mano fuerte con multas que sirvan para evitar la falta y embellecer todo el entorno de la comunidad. Solo así se podrá realzar su importancia histórica.
Una tarea pendiente para este año es negociar con aerolíneas de bajo costo de Estados Unidos. Es urgente aumentar el número de sillas disponibles hacia Panamá.
Hay mucho por hacer para potenciar el turismo panameño, pero si las autoridades no dan el primer paso, es poco lo que puede hacer el sector privado que sí cumple con las leyes, mientras que hay personas que se aprovechan para lucrar de esta actividad y dan un mal servicio, afectando la reputación del destino.
El autor es operador de turismo receptivo.