Los propietarios de camionetas y automóviles de gran consumo de gasolina en Venezuela pronto tendrán que pagar un poco más para continuar ostentando sus ineficientes monstruos de la década de 1970.
A medida que la crisis económica consume las arcas del gobierno, el presidente Nicolás Maduro puso sobre aviso a los automovilistas y emprendió el desafío de tocar uno de los tabúes más sagrados del país: la gasolina casi gratuita.
Debido a los precios reducidos de los combustibles, los venezolanos nunca han sentido la necesidad de comprar vehículos más pequeños y amigables con el medio ambiente como ha ocurrido con los automovilistas en muchas otras naciones, y han preferido los cacharros de décadas de antigüedad o las camionetas deportivas recientes, que también consumen bastante gasolina.
Los precios de los combustibles permanecen congelados desde hace casi 20 años en las gasolineras venezolanas ante las dudas de los políticos de repetir el error de elevarlos como lo hicieron en 1989, lo que desató disturbios letales.
El fallecido presidente Hugo Chávez alguna vez confesó que le dolía tener que regalar prácticamente el combustible a los dueños de autos de lujo, pero durante sus 14 años como mandatario nunca se atrevió a tocar el subsidio a la gasolina que cada año le cuesta al gobierno el equivalente a 12 mil 500 millones de dólares.
Por ahora, los automovilistas no parecen inmutarse ante la idea de que tendrán que pagar más por la gasolina debido a que se desconoce de cuánto será el alza.
Maduro todavía palpa las aguas políticas para ver si los venezolanos están dispuestos a pagar más por llenar los tanques de sus vehículos.
Maduro aseguró la semana pasada que apoyaba un alza gradual mediante un plan progresivo de unos tres años.
