La actividad de hacer sombreros, que indirectamente estimula el turismo, es cada vez mayor en los lugares más recónditos de la provincia de Coclé.
Las áreas de mayor repunte en la confección de este artículo se ubican en el lado norte de Penonomé, capital de Coclé, específicamente en Piedras Gordas, Machuca, Villalobos, El Harino, El Copé, Barrigón y Loma Bonita.
Los sombreros tienen precios que oscilan entre los 8 dólares y 13 dólares.
Para los tipos de sombrero “pintados” cuyos precios varían de 15 dólares a 75 dólares las áreas que más predominan son Llano Grande, Paguá, La Honda, La Venta, El Palmar, Cascajal y Cutevilla, mientras que los sombreros de corte más finos los confeccionan en La Pintada y Membrillal.
También se trabaja en El Bajito, Farallón, El Pedregoso y Los Reyes.
En la tienda de venta de artesanías de Reynaldo Quiroz, en La Pintada, se venden alrededor de 2 mil sombreros por año y entre los compradores están los folcloristas, niños, cantadores de décimas, turistas nacionales y extranjeros.
Quiroz heredó de su padre, a los 16 años, el hábito de confeccionar los sombreros.
Ismael Gordón, quien controla el sitio de mayor preferencia para comprar un sombrero de cualquier tipo en Penonomé, sostiene que todavía esta pieza no es bien valorada, a no ser por clientes como los guitarristas, productores, vaqueros, y estudiantes de escuelas primarias, que siempre lo compran.
El sombrero fino que alcanza un rango de venta de hasta 450 dólares tiene sus clientes exclusivos, quienes conocen sobre la confección y el tejido.
En la provincia de Coclé las manos de unos 250 artesanos se dedican al oficio. Anteriormente solo lo hacían unas pocas familias.
Ya el oficio no solo es de las viejas generaciones, sino que parte de las pequeñas sociedades de gente joven también la practican.
“Esta es una forma de ganarse la vida, que ya mucha gente joven asocia con la oportunidad de hacer un oficio informal”, comentó Quiroz.
Por esto, ahora las manos de unos 250 artesanos se dedican al oficio, anteriormente solo lo hacían unas pocas familias.
También hay quienes actualmente se ganan la vida comprándole lotes de sombreros a los campesinos del área de Coclecito, al norte de la provincia de Coclé, para revender en otras ciudades del país, según comentó el artesano Lino Castillo.
Las ventas, agregó el artesano, se salvan con la llegada de las temporadas altas, generalmente entre septiembre y diciembre, que generan los hoteles al atraer nuevos huéspedes todos los años.
El Ministerio de Comercio e Industrias, por su parte, mantiene en conjunto con las comunidades algunos proyectos de reforestación de la bellota, el junco y la chonta.
Estas son las plantas que aportan la materia prima para confeccionar los tradicionales sombreros panameños.

