Humilladas y luchando por sobrevivir, las otrora poderosas automotoras de Detroit se presentaron esta semana ante el Congreso con una nueva solicitud de ayuda financiera, ahora por 34 mil millones de dólares.
A cambio, se comprometieron a recortar puestos de trabajo, el pago de sus ejecutivos y sus líneas de autos.
Un ejecutivo de Chrysler LLC advirtió ayer que la bancarrota de una de las tres grandes empresas automovilísticas de Detroit, podría sumir la economía estadounidense en una depresión, al mismo tiempo que el mayor sindicato de la industria automotora se prepara para hacer concesiones laborales.
El vicepresidente de Chrysler, Jim Press, advirtió a las firmas automotoras que “les quedan solamente unos pocos meses”, a medida que sus ejecutivos presionan cada vez más al Congreso para que les conceda como mínimo, de forma inmediata, 34 mil millones de dólares en ayuda de emergencia.
“Nos encontramos al borde de la bancarrota de la industria manufacturera automovilística de Estados Unidos”, dijo Press.
“Si existe un fracaso catastrófico en una de estas empresas automovilísticas, en este delicado ambiente económico, es un gran golpe. Podría desatar una depresión”.
General Motors indicó que la bancarrota no es una alternativa viable para las empresas, y agregó que el plan de contingencia que será presentado esta semana salvará a la industria.

