La economía de la zona del euro terminó el año pasado con otro trimestre de fuerte crecimiento, al tiempo que la confianza entre las empresas y los hogares sugiere que no hay desaceleración a la vista.
El producto interno bruto creció un 0.6% en los tres meses a diciembre, lo que se sitúa en línea con las proyecciones y marca la 19ª expansión consecutiva. Las economías de Francia y España, dos de las más grandes del bloque, registraron tasas de crecimiento con una solidez similar.
El fuerte cierre de año coloca la expansión de la región del euro en 2017 en un 2.5%. Eso es mejor que lo anticipado por los economistas y el Banco Central Europeo (BCE), y es una tasa que la región no había registrado desde antes de la crisis financiera de 2008. La economía francesa se expandió un 0.6% en el trimestre, con lo que alcanza su mejor año desde 2011 gracias a que la elección del presidente Emmanuel Macron ayudó a reforzar la confianza y la inversión. España restó importancia a la crisis política en Cataluña a fines del año pasado y alcanzó un crecimiento del 0.7%.
Después de años de sufrir las consecuencias de una crisis de deuda soberana, el estímulo sin precedentes por parte del BCE ha convertido la eurozona de 19 naciones en un pilar de la economía mundial.
El repunte viene junto con el sólido impulso en otras partes del mundo, un acontecimiento que llevó a la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, a sugerir a los delegados presentes en el Foro Económico Mundial en Suiza que se tomaran unos minutos para celebrar el “momento perfecto”. En una señal del ritmo vibrante que la zona del euro se dispone a tener en 2018, un comunicado aparte mostró que la confianza económica regional se mantuvo cerca de un máximo de 17 años en enero. La percepción industrial se mantuvo en un récord al comienzo del año. La confianza cayó entre los proveedores de servicios y aumentó entre los consumidores y las firmas de construcción.
