El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, expresó su temor por la salud de las relaciones comerciales en el mundo ante las amenazas proteccionistas de Estados Unidos.
Con prudencia, el BCE inició la retirada de su vasto apoyo a la economía, mostrándose optimista sobre la coyuntura, pero fustigó las amenazas proteccionistas agitadas por Estados Unidos.
La institución continuará al menos hasta septiembre la compra de deuda pública y privada a un ritmo de 37 mil millones de dólares mensuales, pero no prevé incrementar el volumen de ese programa en caso de choque económico, explicó.
Este anuncio, que era esperado para más tarde por la mayoría de los observadores, es el primer paso hacia el abandono de flexibilización cuantitativa (o QE), o sea la compra de cerca de 2.9 millones de millones de dólares de deudas desde marzo de 2015 para estimular el crecimiento y los precios en zona euro.
El BCE mantuvo sin embargo como previsto su principal tasa de refinanciamiento en cero, para favorecer la distribución de crédito en la economía y los bancos continuarán pagando a la BCE un interés negativo de 0.40% para las liquideces que no tengan utilidad inmediata.
La institución seguirá reactiva, reiteró Draghi varias veces, signo de que no descarta la posibilidad de prolongar las compras de deuda mientras la inflación no esté en condiciones de lograr su objetivo, o sea, un poco por debajo del 2%.
Mario Draghi mostró un cuadro matizado de la situación económica, caracterizado por crecimiento robusto, inflación lánguida y riesgos relacionados con el mercado de cambios, febrilidad de los inversionistas y proteccionismo creciente.
Hay alguna preocupación por el estado de las relaciones internacionales, porque si usted adopta tasas contra (...) sus aliados, se puede uno preguntar cuáles son los enemigos, dijo Draghi.
