Tras una pausa de un mes, la producción vuelve a iniciarse a pleno en una planta de biodiésel de la región de Rosario, Argentina. Washington pegó un portazo al biocombustible argentino pero el mercado europeo se reabre.
El primer tanquero cargado de biodiésel salió para Europa y otros seguirán desde la decena de terminales del polo agroindustrial sojero de Rosario, a orillas del río Paraná.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) le dio la razón a Buenos Aires en la pulseada que se jugó por cuatro años con Bruselas.
El presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio), Luis Zubizarreta, celebró la reapertura del mercado europeo como una “excelente noticia”. No obstante, destacó que por otro lado se perdieron ganancias por “cerca de 2 mil millones de dólares por año” por parte de las empresas que acababan de hacer millonarias inversiones.
Bajo la presión de sus productores preocupados por la competencia argentina, la Unión Europea acusó a Argentina de subsidiar su producción de biodiésel y de dumping.
La UE estableció en 2013 barreras aduaneras prohibitivas. La decisión de la OMC de restablecer el canal de exportaciones hacia la Unión Europea llega en un momento crucial para la industria de biodiésel.
En agosto pasado Estados Unidos impuso una tasa de 60% para el biodiésel argentino. Impedido de exportar a Europa, Argentina había reorientado sus exportaciones hacia el mercado estadounidense.
Las dos plantas de producción de biodiésel, la empresa francesa de Louis Dreyfus Company (LDC) en General Lagos, 20 km al sur de Rosario, hacen de LDC el primer productor y exportador de biodiésel argentino, con una capacidad de producción de 600 mil toneladas anuales.
Cristian Ciribe, responsable de la producción de biodiésel de Dreyfus, destaca que la gran ventaja de la veintena de plantas del polo sojero de Rosario es la cercanía de zonas de producción de la Pampa, usinas modernas equipadas de terminales portuarias.
Acá tenemos el campo al lado y se procesa la soja, el aceite, la harina y el biodiésel en el mismo complejo y sale el barco”, explica el ingeniero al señalar un tanque en el proceso de carga.
“Es el complejo sojero más grande del mundo, más integrado y eficiente”, remarca. La planta LDC en General Lagos procesa unas 12 mil toneladas de soja por día. Con 100 toneladas de porotos de soja, se producen cerca de 70 toneladas de harina, suplemento alimentario, ganado y peces y unas 20 toneladas de aceite de soja, que luego se convierten en biodiésel. El biodiésel es utilizado fundamentalmente como combustible para automóviles.
En Europa, España es hasta ahora el principal consumidor del biodiésel argentino. Argentina se ha enfocado en el biodiésel de soja desde 2007 en la búsqueda de salidas para el aceite de soja mientras que la demanda mundial caía.
“En 2010, el principal destino del aceite de soja argentino que era China, nos cerró el mercado, se nos hizo complicado colocarlo. ¿Qué hacemos con tanto aceite? Apareció la idea de transformarlo en energía”, relata Zubizarreta sobre los albores del negocio.
Para obtener el biodiésel es necesario agregar metanol al aceite de soja, por lo que Dreyfus, como Bunge, Cargill y las demás multinacionales del negocio, invirtieron cientos de millones de dólares en plantas de biodiésel.
