Brasil pidió ayer a los países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que eviten aplicar restricciones “arbitrarias” contra sus exportaciones de carne, salpicadas por denuncias de adulteraciones en cortes para el consumo humano.
Más de una decena de naciones cerraron esta semana parcial o totalmente sus mercados o intensificaron sus controles sobre los productos brasileños, golpeando un negocio con clientes en 150 mercados, que generó más de 13 mil millones de dólares el año pasado.
Brasil, el mayor exportador mundial de carne bovina y aviar, instó a sus socios de la OMC a abstenerse de adoptar “medidas que constituirían restricciones arbitrarias al comercio internacional o contrarias a las disciplinas contempladas en el Acuerdo SPS [de aplicación de medidas sanitarias] y otras reglas de la OMC”.
La petición fue entregada en Ginebra en una reunión del Comité de medidas sanitarias y fitosanitarias de la OMC, una institución multilateral que cuenta con 164 miembros. China, Hong Kong, Chile -que juntos representaron el 40% de las exportaciones de carne roja en 2016- cerraron totalmente sus mercados a la carne brasileña. La Unión Europea, Suiza, Japón y México vedaron la entrada a productos procedentes de frigoríficos bajo sospecha. Sudáfrica se sumó este miércoles a este grupo. Otros países, como Estados Unidos, Corea del Sur, Arabia Saudita -principal comprador de carne de pollo brasileña- y Argentina aumentaron sus controles.
La Policía Federal (PF) denunció a 21 frigoríficos por practicar delitos de corrupción, usar productos cancerígenos para maquillar cortes en mal estado y adulterar etiquetas para falsear la fecha de validez, entre otros hallazgos.
Todo, con la venia de inspectores sanitarios que fueron sobornados para autorizar esas ventas. Treinta personas fueron detenidas, se clausuraron tres plantas y se suspendió el permiso de exportar de todas las investigadas. Entre ellas, hay unidades de los gigantes globales JBS y BRF.