Cuando el fabricante de juguetes Estrela decidió trasladar su producción de China a América Latina, invirtió dos millones de dólares para construir una planta. Pero no lo hizo en su país, Brasil, sino en el pequeño vecino del sur, Paraguay.
La fábrica, que se inauguró este mes en la ciudad fronteriza de Hernandarias, se encuentra cerca de un parque industrial de 4,500 hectáreas de empresas brasileñas que producen desde autopartes hasta plástico y ropa.
Las patinetas eléctricas de color azul oscuro ensambladas por una veintena de trabajadores de Estrela en Paraguay son exportadas bajo el régimen de maquila, que permite fuertes exenciones fiscales.
Para Carlos Tilkian, presidente de Brinquedos Estrela, la decisión de abrir la planta de montaje en el pequeño país mediterráneo fue fácil.
“Paraguay tiene factores importantes de competitividad: la energía, la flexibilidad laboral, el costo social sobre los salarios”, dijo en una entrevista con Reuters antes de la inauguración de la fábrica.
“En Brasil sería mucho más caro (instalar la fábrica), no por causa de los insumos, sino por la estructura de impuestos y el altísimo costo financiero que tenemos”, agregó.
La compañía planea aumentar la inversión en Paraguay en los próximos años, mientras transfiere el 80% de sus importaciones de China.
Bajo la administración del exempresario Horacio Cartes, un conservador que asumió la presidencia en 2013, Paraguay se convirtió en un centro popular para las industrias manufactureras brasileñas, que huyen de impuestos y costos sociales y de la peor recesión en la historia.
El número de maquiladoras casi se triplicó en el país los últimos cuatro años, según cifras oficiales, con inversiones mayormente de Brasil, lo que también ha despertado críticas.
Algunos analistas cuestionan el régimen impositivo flexible para los inversores y muchos brasileños reclaman para sí los puestos de trabajo que se crean en Paraguay.
Anthony Lisboa, secretario de relaciones internacionales de la Central Única de Trabajadores de Brasil, denunció el sistema de “maquila”, diciendo que depende de “trabajo esclavo” e indicó que estaba tratando de fortalecer la oposición en Paraguay, un país que carece de la tradición sindical de su país.
“La industria automotriz de Estados Unidos tiene el mismo asunto con México: están moviendo la producción a un país donde las leyes permiten peores condiciones laborales”, dijo Lisboa. Sin embargo, las críticas no parecen afectar a los residentes de Hernandarias, que celebran al unísono la llegada de las fábricas.
