Brasil se enfocará este año y el próximo en déficits presupuestarios mayores que los planeados, ya que el Gobierno ha hecho menos progresos en la reducción de costos y se ha quedado corto en las ambiciosas proyecciones de ingresos tributarios.
El Gobierno apuntará a una brecha presupuestaria antes de pagar intereses de $50 mil millones, tanto en 2017 como en 2018, dijo en la noche el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, durante una rueda de prensa junto al ministro de Planificación, Dyogo Oliveira.
Anteriormente, las metas de déficit del Gobierno eran de $44 mil millones para este año y de $40 mil millones para el siguiente.
El anuncio representa un retroceso tanto para el presidente Michel Temer como para Meirelles, que se habían comprometido a fijar metas fiscales realistas y mantenerlas. Pero el Gobierno sobrestimó el crecimiento económico para este año y se enfrentó a una intensa presión política para aumentar los salarios y otros gastos.
Además de los cambios en el objetivo fiscal, Meirelles también anunció planes para aumentar los impuestos para los fondos de inversión privada, lo que aportará mil millones de dólares en 2018.
Oliveira también anunció planes para posponer los aumentos salariales para los funcionarios públicos durante un año y el cierre de 60 mil puestos de trabajo gubernamentales que actualmente están vacantes. El Gobierno está fijando objetivos de déficit de $44 mil millones en 2019 y $20 mil millones en 2020.
“El gasto ha alcanzado el techo, y se va a quedar en el techo”, dijo Meirelles.
Mientras la conferencia de prensa estaba en marcha, la agencia de calificación Standard & Poor’s confirmó la calificación soberana de largo plazo de Brasil en BB, y la retiró de la categoría de observación de crédito con implicaciones negativas, citando un ambiente político más “estable” y una economía más “estabilizada”.
