IMPUESTOS.LA PRESIóN TRIBUTARIA PANAMEñA, SEGúN EL FMI, SIGUE SIENDO UNA DE LAS MáS BAJAS DE LA REGIóN.

CAIR, el caballito de batalla fiscal

La reforma fiscal se hizo para evitar la fuerte evasión del ISR e ITBMS que se estaba presentando. Sin los aportes del Canal al fisco, los contribuyentes de Panamá tendrían que pagar muchos más impuestos.

CAIR, el caballito de batalla fiscal
CRÍTICAS. Algunos de los principales gremios empresariales del país, como la Cámara de Comercio y el Consejo Nacional de la Empresa Privada, sostienen que el CAIR ha influido también sobre el aume

Cuando se habla de la presión tributaria -índice que mide el tamaño de los ingresos tributarios respecto al producto interno bruto (PIB) de un país-, siempre me viene a la mente la canción de la cantante de jazz Nina Simone: You try to make it real: compared to what? (Se trata de hacerlo real: ¿comparado con qué?).

A la hora de definir una política tributaria, se toman en cuenta múltiples factores, entre ellos las condiciones iniciales, la etapa de desarrollo, la presión tributaria, la institucionalidad y las necesidades de los bienes públicos de la sociedad. Y también se parte de una premisa básica: las circunstancias de un país desarrollado no son las mismas que las de uno donde hay carencia de infraestructura y hay un déficit social, ya sea alto, moderado o bajo.

De la presión Tributaria

El cuadro que acompaña esta nota muestra los índices de presión tributaria que se han registrado en los países de América Latina entre los años 2000 a 2006, según los datos recopilados por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En ese cuadro se aprecia claramente que, aún después de la reforma fiscal de 2005, la presión tributaria de Panamá sigue siendo una de las tres más bajas de la región.

La presión tributaria panameña en 2006 (10.3%) fue incluso inferior a la de Venezuela (11.6%), país con sus ingentes ingresos petroleros. Solo México (9.7%), otro país petrolero, aventaja a Panamá en este listado. Y solo Ecuador se ubica en un nivel similar (10.3%).

Si bien es cierto que las comparaciones pueden ser odiosas, lo anterior deja claro que la presión tributaria de Panamá, tomando en cuenta la deuda social histórica, es relativamente baja, y que si no fuese por los ingresos canaleros, ésta tendría que ser muy cercana al promedio regional de 16.8%.

Cabe destacar que la contribución del Canal al fisco en el año 2006 fue 603.5 millones de dólares (3.5% del PIB) y en 2007 fue 822 millones de dólares (4.2% del PIB). Obviamente, durante la construcción del tercer juego de esclusas, el aporte tendrá menos peso relativo hasta el año 2015.

no hay cuco

El cálculo alternativo del impuesto sobre la renta (CAIR) es el tributo alterno que establece el mínimo que debe pagar el contribuyente como porcentaje de los ingresos brutos, tanto las empresas como las personas naturales.

Según el folklore panameño, este concepto tiene supuestamente propiedades que en realidad no tienen nada que ver con su diseño: algunos sectores han asegurado, por ejemplo, que es una fuente de inflación e incluso que es causa de quiebras. Por supuesto, nadie ha efectuado un análisis siquiera somero de los hechos, solamente se repite lo mismo que se oye, al más claro estilo goebeliano.

Antes de entrar en un análisis de las estadísticas del resultado de las declaraciones juradas de 2006, es menester citar extensivamente un segmento del artículo titulado "CAIR , el cuco de las empresas", escrito por Osvaldo Lau: "Si bien es cierto que en muchos casos el CAIR produce un impuesto sobre la renta (ISR) superior al compararlo con el que resulta con el método tradicional, también es cierto que la misma ley que creó el CAIR ofrece dos condiciones para solicitar que no se aplique este último y se pague el ISR bajo las normas generales del Código Fiscal. Esas dos razones son: cuando el monto del ISR producto del CAIR cause pérdidas y cuando la tasa efectiva del ISR producto del CAIR sea superior al 30% (solo para personas jurídicas)".

Como se aprecia, el cuco no es tal, salvo que era un deporte nacional evadir el ISR y el impuesto de transferencia de bienes, muebles y servicios (ITBM), antes de la reforma fiscal de 2005, que mejoró sustancialmente la capacidad fiscalizadora de la Dirección de Ingresos: por eso el trauma.

un análisis del cálculo

El siguiente análisis, aunque somero, evalúa las estadísticas de los resultados de 2006, primer año de aplicación del cálculo alternativo del impuesto sobre la renta.

De los 44 mil 225 contribuyentes, a 37 mil 7, es decir al 87.7% del total, no se les aplicó el CAIR.

El 12.3% restante se clasifica en tres grupos, a saber:

a) Los que declararon con el método de CAIR (60.7%).

b) Los que tributaron según el método tradicional (32.6%).

c) Y, finalmente, los que solicitaron la no aplicación del cálculo alterno (6.7%).

El impuesto causado por el grupo ‘a’ era 49.2 millones de dólares en comparación con los 11.9 millones, una diferencia de 37.3 millones o 4 veces el calculado con el método tradicional.

Aquellos contribuyentes del grupo ‘b’, que pagaron con el sistema tradicional, declararon 264.1 millones, 168.8 millones más de lo que hubieran podido declarar si se aplica el CAIR.

Y los que solicitaron la no aplicación hubiesen pagado un millón de dólares por el método tradicional y 13.6 millones con la aplicación del CAIR.

¿Por qué 1.25%?

Estos resultados no son sorprendentes porque el diseño del cálculo alterno asumía una economía competitiva y el entorno económico actual está en transición hacia ésta.

La tasa del CAIR sobre los ingresos brutos de 1.25% fue seleccionada como la expresión del dominador común más bajo, que toma en cuenta las actividades económicas de ganancia bruta relativamente baja antes de costos de operación y con alta rotación de inventario, tales como los supermercados, y por ende debería ser del orden del 25 al 30% de las ganancias netas.

Por eso mismo, la ley de 2005, como dijo Osvaldo Lau, tenía como condición la no aplicación del CAIR en caso de que lo que le tocara pagar a los contribuyentes fuese mayor del 30% de las ganancias netas o de que, en el caso extremo, habían sufrido pérdidas.

Queda, por supuesto, un análisis más minucioso de las interioridades de este asunto, sobre todo del grupo ‘a’, que aplicó el CAIR sin solicitar la no aplicación. Es posible que allí pueda uno hallarse con muchas sorpresas.

El autor es asesor económico de la Presidencia de la República y ex ministro de Hacienda.


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