La inflación en la eurozona se mantuvo estable en julio en 1.3%, lejos del objetivo de un nivel inferior pero cercano al 2% del Banco Central Europeo (BCE) que, según los analistas, debería mantenerse prudente.
La oficina europea de estadísticas, Eurostat, difundió ayer su primera estimación para julio de la inflación, junto a los datos del desempleo, que en el mes de junio registró un descenso en los 19 países del euro al 9.1%, su nivel más bajo desde febrero de 2009.
“Mientras los datos de desempleo del mes de junio dan una imagen positiva del mercado de trabajo en la zona euro, las cifras de la inflación en julio confirman que esta dinámica debe todavía generar una presión inflacionista”, apuntó Jennifer McKeown, de Capital Economics.
Aunque la inflación del 1.3% corresponde a las expectativas de los analistas consultados por el proveedor de servicios financieros Factset, la inflación subyacente fue ligeramente superior a la avanzada por los expertos (1.1%).
Según Eurostat, la inflación subyacente —que no tiene en cuenta los volátiles precios de la energía, los alimentos, el alcohol y el tabaco— progresó ligeramente en el bloque monetario en julio del 1.1%, el mes anterior, al 1.2%.
Pese a este mejor resultado, Bert Colijn, de ING, estimó que este aumento no debería alentar a los partidarios de un cambio de la política monetaria del BCE, ya que “existen pocos motivos para que mejore en los próximos meses”.
En su última reunión, el presidente del BCE, Mario Draghi, subrayó que la inflación, sin contar los precios de la energía y la alimentación, “continuaba en su conjunto en niveles limitados”.
“Debemos ser perseverantes, pacientes y prudentes” antes de un cambio de política, agregó.
La institución monetaria con sede en Fráncfort (oeste de Alemania) considera que una inflación ligeramente inferior al 2% anual es un signo de buena salud económica, ya que corresponde a la definición de estabilidad de precios.
Para sostener el crecimiento económico y alejar el espectro de la deflación que amenazaba en 2014, el BCE ha reducido desde 2015 sus principales tipos de interés a su menor nivel y ha inundado el mercado con liquidez, comprando cada mes decenas de miles de millones de euros de deuda.
