El desplome del mercado inmobiliario en Ecuador no es la causa de la maltrecha situación económica en el país, aunque sí es una de sus caras más visibles.
Centenares de altos edificios nuevos saturan el norte de Quito, uno de los epicentros de la fiebre de la construcción desatada por el abrupto crecimiento del país durante la década de auge petrolero, que terminó en 2015.
Pero los precios del crudo cayeron y basta una rápida mirada para constatar que en muchos casos la premura con que se invirtió no ha dado los rendimientos esperados: letreros de “Se vende” y “Se arrienda” proliferan en ventanas y balcones, e incluso algunos edificios terminados hace más de un año siguen completamente vacíos. “Aquí no hubo una burbuja que originó la crisis, como en España, pero sí que hay un parón muy grande que ha afectado a muchos propietarios y ha destruido mucho empleo”, explica Jaime Rumbea, director de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Viviendas del Ecuador (Apive).
Entre 2015 y 2016 el número de reservas de vivienda (promesas de compraventa en nuevos proyectos) ha caído un 60%, según la Apive.