Brasil es más conocido por la cantidad del café que produce -es el primer productor mundial, con un tercio de la cosecha global- que por el sabor de sus granos.
En 2016, produjo 51.37 millones de sacos de 60 kilos, un 85% de café común, apreciado por las grandes compañías de torrefacción. Pero el gigante sudamericano se está afirmando en el mercado de los cafés especiales, producidos con un cuidadoso proceso de selección y tratamiento de granos de tipo arábica.
En la escala internacional de calidad establecida por la Speciality Coffee Association of America (SCAA), que evalúa el aroma, la acidez, la suavidad y la homogeneidad de la infusión, los cafés especiales brasileños reciben puntuaciones de más de 80 puntos sobre 100.
El año pasado, la producción de cafés brasileños de calidad superior llegó a 8 millones de sacos, un 54% más que en 2015, según datos de la Asociación Brasileña de Cafés de Especialidad (BSCA).
En 2018, Brasil debería desplazar a Colombia como primer productor mundial de este tipo de grano, de acuerdo con esa entidad. La Absca organiza desde 1999 concursos regionales y nacionales -entre ellos el Cup of Excellence, convertido en una referencia mundial- que reforzaron el prestigio de los cafés especiales del país.
Un número creciente de caficultores, y en particular de explotaciones familiares, se lanzó a este nicho de mercado, con una demanda mundial que crece cerca de 15% al año, en tanto que la de café común solo registra un aumento de 2%.
