El libre comercio entre Canadá y México es en parte un accidente histórico: dos países que se unieron en un intento común de aprovechar el mercado de Estados Unidos.
Ahora, luego de que el presidente Donald Trump amenazara con abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), los socios menores del pacto trabajan más estrechamente que nunca para salvarlo. Trump ha calificado el Tlcan como el peor acuerdo comercial de la historia y le atribuye la pérdida de millones de empleos manufactureros. Canadá y México han superado la distancia y las diferencias para convertirse en el frente de defensa del acuerdo, cuyo momento decisivo se acerca.
La capacidad de Trump de dictar las condiciones de un nuevo acuerdo dependerá en parte de la solidaridad entre sus dos socios. Canadá y México podrían asociarse para defender sus principios centrales o ceder a la tentación de imponerse al otro punto por punto en un clásico dilema de prisioneros.
Siguen siendo una extraña pareja. Es “deseable” que ambos trabajen juntos, dijo Jorge Castañeda, un exsecretario de Relaciones Exteriores de México. “No estoy seguro de que eso sea fácil, ya que muchos de los temas que más preocupan a uno de los países no son tan importantes para el otro”, dijo.
México podría verse obligado a respaldar los temas que son centrales para Canadá, como la agricultura y el mecanismo de resolución de disputas del capítulo 19.
