China publicó ayer una serie de informes optimistas que mostraron que la economía comenzó el año con fuerza, respaldada por la fortaleza de los préstamos bancarios, los gastos gubernamentales en infraestructura y la muy necesaria reactivación de la inversión privada.
No obstante, los economistas no están seguros de cuánto tiempo podrá sostenerse este ritmo de crecimiento sólido, mientras el banco central adopta una posición más estricta sobre el crédito y los exportadores se preparan para un alza del proteccionismo en Estados Unidos.
La inversión en activos fijos se expandió con más fuerza de lo esperado en los dos primeros meses del año, al tiempo que el crecimiento de la inversión privada más que se duplicó respecto a 2016. “Los datos de hoy parecieron estar liderados sobre todo por el gasto en infraestructura y un rebote en el sector inmobiliario”, dijo Zhou Hao, un economista de Commerzbank con base en Singapur.
China recortó su objetivo de crecimiento hasta alrededor del 6.5% este año para dejar más espacio a las autoridades para que puedan aprobar dolorosas reformas que reduzcan riesgos financieros creados por años de estímulo alimentado en la deuda. La segunda mayor economía mundial creció un 6.7% el año pasado, su ritmo más lento en 26 años. El crecimiento de China en el primer trimestre podría acelerarse al 7% interanual, desde el 6.8% de los tres meses previos, escribieron economistas de OCBC en una nota la semana pasada.
No obstante, OCBC y muchos otros observadores esperan que el ritmo comience a ralentizarse a partir de la primavera boreal, cuando empiecen a apagarse los efectos del fuerte gasto en estímulos del año pasado.
