El vertiginoso crecimiento económico chino ha puesto al Gobierno en una encrucijada ante la que ha decidido, por un lado, reducir su excesiva dependencia del crudo pero, por el otro, reforzar el sector petrolífero nacional.
La doble apuesta fue divulgada esta semana en un informe del máximo órgano planificador del país, la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo, que abogó por reducir esa dependencia desarrollando las energías renovables, aunque también por mejorar la capacidad de las saturadas refinerías chinas.
Las organizaciones ecologistas, no obstante, creen que el segundo mayor consumidor mundial de crudo debe decantarse por una de las dos alternativas de forma más clara.
"China tiene una oportunidad de oro para cambiar su modelo de desarrollo y convertirse en el líder mundial de las energías renovables, aunque sus objetivos al respecto no son aún demasiado ambiciosos", dijo a EFE Ailun Yang, responsable de la campaña de Clima y Energía de Greenpeace.
Consideró que es un primer paso haber reconocido "el gran potencial de las energías renovables" aunque a su juicio no hay, por el momento, políticas suficientes.
En este sentido, se refirió a la nueva Ley de Energías Renovables, que entró en vigor este año, como un "paso adelante", aunque a su juicio el problema es aplicarla, sobre todo a causa de la descoordinación entre los distintos "niveles administrativos" y la independencia con que a veces actúan los gobiernos locales.
Según el informe de la Comisión, Beijing pretende elevar el uso de energías renovables en el consumo actual al 13%, desde el 7% actual, aunque esta cifra ha bailado (en noviembre se habló de un 15%) y, además, hay un dato fundamental que no está demasiado claro.
"No se sabe si incluyen la energía hidroeléctrica, que no es renovable, en este objetivo. Si es así, es algo fácil de conseguir, sobre todo con la construcción de la enorme presa de las Tres Gargantas", explicó Ailun. En cualquier caso, añadió, "el 13% no es un objetivo muy ambicioso". Eólica, solar, biomasa, geotérmica, oceánica e hidrógeno son las alternativas por las que apuestan los grupos ecologistas, nacionales e internacionales, aunque para desarrollarlas hace falta tiempo y dinero. Por ejemplo, la energía eólica, en la que China cuenta con un gran potencial, es todavía relativamente cara porque debe importar los equipos del extranjero.