China está evaluando estrategias de contención ante las turbulencias en sus mercados financieros que podrían erosionar el respaldo a las políticas del gobierno, en momentos en que sufre los efectos de la guerra comercial que libra con Estados Unidos.
La confianza del mercado ya se había visto socavada por la campaña de desapalancamiento financiero, que ha elevado los costos del préstamo para las empresas y desacelerado la economía.
Una caída descontrolada de las acciones chinas y una prolongada depreciación de la moneda del país podrían perjudicar a Pekín mientras prepara sus defensas en la batalla comercial con Washington.
Pero personas cercanas al gobierno, inversores y economistas, dicen que Pekín tiene herramientas limitadas para combatir una liquidación más profunda del mercado, al estar restringida por su promesa de desapalancamiento y el temor a que un relajamiento de la política monetaria desate una salida de capitales.
Las autoridades quieren evitar los tropiezos de 2015, cuando un intento por apuntalar al mercado accionario, como la suspensión de cotizaciones en bolsa y un relajamiento agresivo de las condiciones de endeudamiento, no lograron calmar los temores de los inversores.
Las acciones en Shanghái cayeron más del 40% ese verano boreal, lo que se sumó a una fuerte devaluación del yuan.
