ENFOQUE

Combatir el hambre, una cuestión de seguridad

La falta de alimentos o la falta de capacidad de adquirirlos –es decir, la pobreza– es una de las amenazas a la seguridad y a la vida de las personas que más rápidamente prende la mecha del enfrentamiento y alarga los conflictos. No puede haber paz sin seguridad alimentaria, ni seguridad alimentaria sin paz.

Cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO, por sus siglas en inglés) se creó en 1945, el mundo resurgía de la Segunda Guerra Mundial y sus fundadores sabían que la organización debía desempeñar un papel vital en la búsqueda de la paz.

Por eso, señalaron en el preámbulo de la constitución que la FAO nace de la necesidad de paz y de la necesidad de librar al mundo de la miseria.

Setenta años después de la creación de la FAO, la comunidad internacional ha reforzado esa idea con la adopción de la agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, basada en la premisa de que no puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.

Por eso la seguridad alimentaria es un prerrequisito para la paz y para la seguridad mundial. Más si cabe en un mundo globalizado, en el que todo lo que pasa en un lugar afecta al resto. Y también por eso las medidas de estabilización de precios de los alimentos y las redes de protección social son instrumentos fundamentales para la prevención de conflictos violentos.

Es por esto que el director general de la FAO, José Graziano da Silva, ha lanzado una clara señal a la comunidad internacional de la imperiosa necesidad de afrontar el tema de la inseguridad alimentaria en el sentido más amplio del término y poner de relieve la relación de interdependencia entre hambre y conflicto así como de su influencia en la desestabilización de las sociedades y el agravamiento de la inestabilidad política.

Sabemos que las acciones para promover la seguridad alimentaria pueden ayudar a prevenir las crisis, mitigar su impacto y promover la recuperación posterior.

Y está claro que la prevención exige abordar las causas más profundas de los conflictos, entre ellas, el hambre y la inseguridad alimentaria. Durante los mismos, hay tres veces más probabilidades de padecer hambre que en el resto del mundo en desarrollo, mientras que los países con niveles más altos de inseguridad alimentaria son también los más afectados por los conflictos. Así lo confirman casos que van desde Siria y Yemen a Sudán del Sur o Somalia.

Promover el desarrollo rural puede también facilitar los esfuerzos de construcción de paz. Un ejemplo muy concreto y actual es el trabajo conjunto de la FAO con el Gobierno de Colombia para implementar proyectos de ejecución rápida para mejorar la seguridad alimentaria y el desarrollo rural en un esfuerzo por consolidar el acuerdo de paz.

Los esfuerzos internacionales en favor de la paz serán más efectivos si incluyen medidas para impulsar la resiliencia de las familias y las comunidades rurales, ya que son ellos y sus medios de vida los que sufren la mayor parte de los daños en los conflictos.


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