A Stan Kelman le llevó tres años de seguimiento para que el puntaje de crédito de su esposa llegara a un 850 perfecto. “Es un logro personal”, dice este analista de negocios y científico de datos de 44 años. “Me siento muy orgulloso”. Anna, su esposa, le permitió dirigir la estrategia para manejar sus cuentas, ya sea para solicitar un nuevo crédito, cuándo pedir límites más altos, cuánto de esos límites aprovechar. Su marido, que se describe a sí mismo como un obsesivo de las tarjetas de crédito, también trabajaba en su propio récord. Hace seis meses, su puntaje llegó hasta 842.
Kelman cree que en el plazo de un año puede alcanzar también 850. Unos 200 millones de consumidores estadounidenses tienen puntajes de crédito FICO, en tanto poco menos de 3 millones, o sea un 1.4%, tienen 850 perfectos. Esto, según Fair Isaac Corp., la compañía creadora del modelo de calificación que los bancos utilizan desde hace 28 años para predecir si se reembolsará un préstamo.
Pero a lo largo de los años, ese número pasó a ser mucho más que eso, se ha convertido en el tótem estadounidense del éxito o el fracaso, la esperanza o la desesperación, la seguridad o el riesgo.
Si bien hay otros modelos en competencia, casi toda persona con una tarjeta de crédito sabe que un número que varía normalmente entre 300 y 850 tiene una enorme influencia sobre su vida financiera. ¿O no? Es posible que Estados Unidos se esté acercando finalmente a lo que podría darse en llamar el máximo puntaje de crédito.
