ENFOQUE

Consumir pescado es un derecho de todos

Cuando uno llega por aire a Panamá todo lo que ve es verde y azul, evidenciando que este país es rico en recursos naturales, sobre todo en aquellos que vienen del mar.

A pesar de la abundancia de estos, no todas las familias panameñas del país tienen acceso a una amplia variedad de pescados y mariscos.

De hecho, la oferta de productos del mar es limitada y la calidad, generalmente, está por debajo de los estándares alcanzables. Esto se debe, principalmente, a la falta de la infraestructura necesaria para asegurar la calidad de los productos y a que los servicios de fomento, control y vigilancia aún muestran debilidades.

Es sabido que el consumo de pescado y mariscos, -altos en proteínas, vitaminas, minerales y omega 3-, trae muchos beneficios para la salud. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce que la pesca y la acuicultura desempeñan un papel crucial en la seguridad alimentaria y nutricional y los medios de subsistencia para millones de personas en el mundo.

Y aunque Panamá es el país centroamericano con el más alto consumo de pescados y mariscos por persona - alrededor de 28 libras por año-, la accesibilidad a esos productos también se ve comprometida por los altos precios y escasos lugares de venta.

Ante este desafío, la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) con el apoyo de FAO, PNUD y los Ministerios de Ambiente y Desarrollo Agropecuario, llevaron a cabo el Diálogo Nacional por la Pesca para fomentar la participación de los diferentes subsectores pesqueros en la toma de decisiones sobre el desarrollo sectorial.

Una conclusión contundente fue el ánimo de la industria de aumentar la productividad y competitividad y así generar una mayor oferta de productos, acordando que el derecho de pescar lleva consigo la responsabilidad de hacerlo de manera responsable.

Para hacer realidad este interés a lo largo del país, se necesita primero mejorar la infraestructura de apoyo al sector: en el mar, mejores embarcaciones, con equipos adecuados para capturar y preservar el pescado; y en tierra, centros de acopio apropiados a las cantidades desembarcadas, con máquinas de hielo y cuartos refrigerados.

Y como de poco sirve la infraestructura sin capacitación y asistencia técnica, la ARAP tiene previsto hacer una inversión importante en este tema, fomentando la asociatividad de los productores.

En Panamá, ya existen grupos de pescadores organizados que generan productos pesqueros intermedios y finales novedosos de mayor valor agregado, que se venden a nivel local y a través de restaurantes operados por ellos mismos. Este tipo de acciones no solo aumenta la oferta de productos pesqueros, sino que también genera empleos.

Estas acciones se apoyarán de campañas de fomento al consumo y a la concientización del consumidor. Pues comer pescado panameño debe ser siempre una experiencia nutritiva y sabrosa al alcance de todos los habitantes de este gran país.


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