El presidente Donald Trump está pidiendo a los fabricantes de automóviles en Estados Unidos que inviertan en manufactura local en un mal momento.
Las ventas de automóviles han aumentado durante siete años consecutivos, después del rescate automotriz y la crisis financiera, una racha que está próxima a quedarse sin gasolina.
Esa es una receta para los problemas que enfrentan las empresas cautelosas de deshacer las dolorosas pero necesarias medidas que adoptaron al cerrar docenas de fábricas en todo el país, antes y durante el rescate gubernamental de más de $70 mil millones.
Las nuevas plantas de montaje le cuestan a General Motors Co., Ford Motor Co. o Fiat Chrysler Automobiles NV alrededor de $1,000 millones, un tipo de inversión que las empresas tratan de evitar cuando el mercado está en alza.
Y mientras que las fábricas aumentan los puestos de trabajo, las ganancias económicas por crearlos están siendo socavadas por la automatización y la presión por competir con países que tienen salarios más bajos, incluyendo a México.
“Es un escenario de pesadilla para las compañías automotrices, a las que se les pide que hagan enormes inversiones de capital justo antes de que se desaceleren las ventas”, dijo Dan Luria, un analista que ha asesorado al sindicato de trabajadores de la industria automotriz United Auto Workers.
“Parece no ser el momento para invertir miles de millones en nuevas plantas”.
Trump ofreció concesiones de parte del Gobierno en una reunión con los máximos ejecutivos de los tres fabricantes de automóviles el martes. Sin entregar detalles, el presidente prometió frente a los reporteros proveer facilidades en lo que respecta a impuestos y a normas medioambientales a fin de persuadirlos a construir su primera planta estadounidense de ensamblado de vehículos en más de una década.
