Brasil se está posicionando como el embajador mundial de los biocombustibles, que lucha contra el cambio climático impulsando la demanda de etanol.
Será una idea difícil de defender en un mundo inundado de petróleo barato. Brasil es uno de los líderes de Biofuture Platforma, una agrupación de 20 naciones que también incluye a Estados Unidos, China y Francia.
La organización se formó en la cumbre anual del clima de Naciones Unidas celebrada el año pasado en Marruecos y planea presentar una estrategia global para avanzar en el desarrollo y uso de combustibles de bajas emisiones de carbono en la cumbre de este año, que se realizará el próximo mes en Bonn.
Brasil no quiere ser el único productor y proveedor del mundo, dijo el subsecretario de Medio Ambiente, Energía, Ciencia y Tecnología del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, José Antônio Marcondes de Carvalho.
“Queremos liderar el mercado internacional de la bioeconomía, que tendrá una gran diversidad de oferta y demanda. Estos objetivos serán difíciles de lograr, ya que el gasto en combustibles renovables se ha desplomado junto con el precio del petróleo”.
La inversión en todo el mundo, si se excluyen adquisiciones, fue de 264 millones en el primer semestre del año, un 25% menos que en el mismo periodo del año pasado y menos de un tercio que los 882 millones de dólares que se desembolsaron en 2015, según Bloomberg New Energy Finance.
Los precios del petróleo se han contraído casi a la mitad desde 2014, lo que vuelve menos competitivos a los combustibles verdes más caros. El consumo de biocombustibles en todo el mundo tendrá que multiplicarse por 10 de aquí a 2050 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático.
