La tasa de desempleo de Corea del Sur, de 3.6%, aunque en apariencia envidiable, enmascara un mercado laboral de dos niveles que está fomentando la desigualdad y provocando ira y resentimiento.
No es de extrañar entonces que el presidente surcoreano Moon Jae-in haya puesto empeño en los empleos y los salarios durante la reciente campaña electoral y en sus primeros meses en el cargo, describiendo las disparidades salariales y de riqueza como obstáculos para la creación de una “democracia económica”.
Alrededor de un tercio de todos los coreanos en la fuerza laboral están relegados a la condición de “no regulares”, con trabajos temporarios, a menudo a tiempo parcial, por los cuales se paga alrededor de la mitad de los permanentes, y que tienen pocos beneficios, como el seguro social.
Acabar con esa brecha es esencial para reducir el alto nivel de desigualdad de ingresos en Corea del Sur, dijo el FMI en un informe de marzo.
El desempleo juvenil tocó un récord el año pasado antes de caer a 9.3% en mayo.