El presidente Donald Trump ha decidido nominar a Jerome Powell para ser el nuevo presidente del Sistema de la Reserva Federal (FED). Powell, previa confirmación del Senado, sustituirá a Janet Yellen a principios del próximo año.
Powell es consistente con el perfil favorecido por Trump, quien ha mostrado predilección por hombres exitosos extraídos de la empresa privada y de la esfera militar.
Por otra parte, Powell, abogado de profesión y banquero de oficio, parece amoldarse a ese ideal del “hombre pragmático” y “con experiencia en el mundo real” que tan en boga se encuentra dentro del movimiento conservador estadounidense.
La labor de Powell será compleja. Heredará una economía de crecimiento moderado y aproximándose al pleno empleo, pero que muestra señales confusas: inflación por debajo de lo que es razonablemente esperar en condiciones análogas, salarios que no terminan de ajustarse al alza y un mercado accionario exuberante que para muchos observadores no es congruente con la economía real, lo que podría indicar la formación de burbujas en los mercados financieros.
Powell deberá mostrar sus habilidades decidiendo el ritmo de alza de tasas en los próximos años y desmontando la monstruosa hoja de balance de la FED de más de 4 millones de millones de dólares (no es un error tipográfico: son muchos ceros), ambas medidas macroeconómicas de emergencia tomadas por el banco central estadounidense tras la crisis de finales de la década pasada y que han debido comenzar a corregirse hace ya algún tiempo.
En todo caso, Wall Street no se puede quejar. Algunos reportes indican que el principal promotor de la candidatura de Powell fue el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, de carrera y perfil análogos. La FED cumple un vital papel en el contexto regulatorio del sistema financiero estadounidense y se espera que su próximo líder sea mucho más abierto a los llamados del sector financiero a levantar, o cuando menos aliviar, el cerco regulatorio que se erigió en torno al sector después de la gran recesión.
En principio, es aquí donde la habilidad para la negociación y la capacidad para generar consenso de Powell pueden rendir sus mejores frutos. Vista desde este ángulo, la decisión de nominar a Powell es muy Trump: el llamado a servicio de un sobrio y pragmático hombre con amplia experiencia ejecutiva para tomar decisiones que afectan internamente y de manera profunda el funcionamiento del gobierno federal, mientras el espectáculo, para bien y para mal, se da en otra parte.