Debido a oposición entre miembros del Congreso estadounidense y muchas organizaciones ambientales, parece que no se ha avanzado mucho en la aprobación en Estados Unidos de un plan para criar en Panamá unos salmones genéticamente modificados, que serían vendidos al mercado norteamericano como alimento para humanos.
En la Cámara de Representantes de Estados Unidos, se aprobó una medida que anula el financiamiento para que las autoridades estadounidenses continúen el proceso de aprobación del salmón transgénico; falta ahora que el Senado lo considere.
Mientras tanto, legisladores de ambas cámaras le han escrito a la directora de la Administración para Alimentos y Medicamentos (en inglés, Food and Drug Administration), instándola a que cancele el proceso de aprobación de este producto.
Si se llega a aprobar el salmón transgénico, este sería el primer animal modificado genéticamente a venderse en Estados Unidos como alimento para humanos. Según el plan de la empresa AquaBounty Technologies, los huevos del salmón genéticamente modificado serán producidos e incubados en Canadá y luego transportados a Panamá, donde serían criados en tanques.
Los que se oponen al plan tildan al animal de “Franken-pez”, pero la empresa objeta fuertemente a ese término. AquaBounty insiste en que se trata de un producto sano que no posa riesgo alguno. Según la empresa, se trata simplemente de un salmón al que se le han introducido genes de crecimiento rápido para que el pez crezca el doble de rápido que un salmón normal. Estos salmones alcanzarían “tamaño de venta” en unos 16 a 18 meses, en vez de 30.
Sin embargo, un analista de la ONG estadounidense Center for Food Safety (Centro para Seguridad Alimentaria) opina que hay tres posibles riesgos para Panamá, donde las criaturas serán criadas.
“Primero, la acuicultura es un negocio muy contaminante”, explicó Jaydee Hanson durante una entrevista telefónica el martes. Según él, no será fácil disponer de la gran cantidad de desechos que se producirán.
“Segundo, lo que estos peces comen son otros peces y crustáceos, y la recolección de esta gran cantidad de material creará un impacto adicional”, agregó Hanson.
“Y tercero, hay una gran tendencia a escape en las operaciones de salmón. Aunque estos salmones serán todas hembras, ellas están hambrientas constantemente”, expuso Hanson, explicando que esto se debe a las hormonas que les inducen el crecimiento rápido. Si los salmones se escapan de sus tanques, “ellos se comerán todo a su alrededor, lo cual causará un problema ecológico para los arroyos panameños”.
Por otro lado, Henry Clifford, vicepresidente de AquaBounty y director de su proyecto en Panamá, aseguró el año pasado, en declaraciones a este diario, que “no hay riesgos ambientales asociados con el proyecto en Panamá”.
Precisó que “los peces son estériles y todas hembras, lo que significa que no podrán establecer crianza, ya sea en cautividad o en ambiente silvestre”. Clifford también dijo que en las instalaciones habrá 21 medidas redundantes de seguridad junto a barreras biológicas y físicas para asegurar que los peces no puedan escapar.
