Efectos psicológicos de los cambios

Efectos psicológicos de los cambios
LA PRENSA/Tito Herrera

La disminución salarial, la pérdida de empleo o de estatus en el mismo, la amenaza permanente de despido y las consecuencias de estas situaciones, son fuentes de estrés de difícil afrontamiento y con repercusiones en el equilibrio y salud mental de las familias afectadas.

Tales eventos han forzado a cientos de padres de familia al cambio obligado del plantel educativo en el cual mantenían a sus hijos.

En adición a lo anterior, el cierre de planteles privados y la migración de un plantel a otro, además de las consecuencias directas en el estado de ánimo y de motivación de los estudiantes afectados, incide en la ya precaria organización de los colegios y escuelas que han tenido que absorber la creciente matrícula migratoria.

Pero, ¿qué impacto psicológico tiene este fenómeno? Veamos algunos de los posibles efectos en los niños y en los jóvenes. Toda pérdida supone la necesidad de un ajuste en la dinámica de los motivos e intereses de un individuo.

¿Qué es lo que han perdido los alumnos que han migrado? Han perdido su entorno escolar, a su grupo de clase, a los profesores y maestros con los que ya habían establecido nexos y relaciones de mucho significado; quizás hayan perdido también una manera de ser aprendida, de estudiar, de jugar y el estilo muy especial de los maestros y profesores que compartían con ellos desde el jardín infantil, la primaria y, quizás, hasta la secundaria.

Es un cambio de cultura escolar y de entorno social muy fuerte. Esta ruptura abrupta e inevitable, no siempre es manejada o tolerada de la misma manera por todos los niños y jóvenes, ya que cada uno aprendió una forma específica de bregar con este tipo de estrés situacional.

Entre las consecuencias más notorias están la frustración, el desgano, la falta de atención y concentración, la congoja por precariedad emocional, diversos grados de depresión, irrupción momentánea de agresividad con sus padres, deterioro de su motivación en el estudio, dificultades de adaptación al estilo de sus profesores y en casos extremos, puede darse rechazo a asistir a clases.

En ocasiones los jóvenes no logran simpatizar con el nuevo grupo, lo cual torna aún más dramático el proceso de adaptación al nuevo entorno escolar. ¿Qué deben hacer los padres o acudientes en estos casos?

En primer lugar, es muy importante observar hasta qué grado se producen estos cambios en el estado emocional de sus hijos.

Desde el momento en que la situación económica se presenta o se percibe que va a producirse, y en dependencia de la edad de los niños o jóvenes, el diálogo es muy importante para decidir la escuela o colegio en el cual se matriculará al acudido.

Una vez que se produce el cambio, los padres han de monitorear y examinar, con esmero y proactividad, los primeros efectos o indicios de manifestaciones en el comportamiento de los jóvenes.

En segundo lugar, cuando vean que la situación toma visos de depresión, además de hablar con los maestros o profesores, deben considerar la posibilidad de que su acudido o acudida reciba atención profesional.

Pueden acudir a los especialistas del Seguro Social, a los centros de salud, a la clínica psicológica de la Universidad de Panamá o a un clínica psicológica.

El autor es psicólogo industrial y docente universitario.

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