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VALOR RAZONABLE

Endeudamiento público y el gasto procíclico

En 2010, Panamá logró el famoso grado de inversión. Las calificadoras de riesgo consideraban por primera vez a Panamá como un emisor de calidad. Esta calificación trae consigo muchos beneficios, incluyendo acceso a los mercados de capital y menores tasas de interés sobre la deuda, pero esta disponibilidad de fondos es un arma de doble filo.

Por muchos años, diferentes administraciones trabajaron para mejorar el perfil de riesgo del país. En la década previa a recibir el grado de inversión, la deuda pública creció 3% por año, mientras que la economía crecía por encima del 5%. Esto, acompañado de moderación en los gastos y otros factores, nos permitieron lograr la calificación.

Como pasa en muchos países, una vez se logró el grado de inversión, todo cambió. Este acceso a capitales extranjeros combinado con un periodo de tasas bajas y una administración con visión a corto plazo probó ser la receta perfecta para una explosión en el endeudamiento.

Desde entonces, la deuda pública ha aumentado en 120% o 10% por año. La década antes de obtener el grado de inversión, los gastos de capital del Gobierno habían promediado cerca de $600 millones, en 2011 esta cifra llegó a los $2,500 millones.

Este incremento en la deuda, que pasó principalmente a un aumento en el gasto corriente y de capital, impulsó la economía. Estas inversiones temporalmente crearon plazas de empleo, demanda por recursos y demás, lo cual creó la falsa sensación de que la administración del momento era eficiente. Lo que en realidad ocurrió es que se adelantó el consumo, ya que se gastaron fondos de los que futuras generaciones no van a disponer.

Este estímulo, en forma de gasto público, se dio en un momento en el que el país, económicamente, andaba en buen camino. El crecimiento antes de 2010 ya era acelerado y lo último que se necesitaba era crear más demanda. Lo razonable hubiese sido seguir con la inversión moderada para así tener más flexibilidad en años difíciles. Es decir, que cuando la economía se desacelerara, el Gobierno pudiera incrementar el gasto para servir de empuje.

Después de años de crecimiento acelerado, lo natural ha ocurrido y la economía se ha enfriado. No hay que buscar explicaciones complejas, el crecimiento de hace unos años no era sostenible y ha ocurrido lo que tenía que pasar.

Lastimosamente, una de las curas para esta situación ya fue utilizada cuando no había necesidad. Se gastó en forma desmedida durante tiempos de bonanza en vez de ahorrar para poder incrementar el gasto público en momentos menos cómodos.

Dicho esto, el futuro de Panamá a largo plazo sigue siendo positivo, ya que contamos con grandes recursos y ventajas competitivas. Acompañado de prudencia en general y buen manejo, los mejores días de este país están por delante.

El autor es financista.


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