Escocia era tan optimista respecto de convertirse en centro de la energía eólica de Europa que sus políticos se toparon con un desarrollador de bienes raíces impetuoso y estrella de reality shows llamado Donald Trump.
Cinco años después, las ambiciones de Trump lo llevaron a la Casa Blanca. Pero en lugar de las 950 turbinas marinas que Escocia prevé para finales de 2017, el país solo tiene 63 debido a batallas legales, desafíos geográficos y límites a la ayuda gubernamental.
Las turbinas eólicas marinas eran una parte fundamental de la meta del gobierno escocés, de mayoría nacionalista, de conseguir que el 100% de la electricidad del país procediera de fuentes renovables para 2020. Se suponía que sería un área de crecimiento que convertiría a Escocia en la Arabia Saudita de la energía marina.
A pesar de que cuatro proyectos eólicos marinos han obtenido el visto bueno esta semana, son más los objetivos perdidos que los cumplidos, y los subsidios del Reino Unido se han reducido. Con la independencia escocesa de nuevo en el aire antes de las elecciones del 8 de junio y la economía en problemas, los planes vuelven a quedar bajo la lupa.
“Se sobreestimó la magnitud probable de despliegue”, dijo Niall Stuart, máximo responsable de la asociación del sector Scottish Renewables, que tiene sede en Glasgow.
En 2011, cuando el Partido Nacional Escocés obtuvo una victoria electoral aplastante, el gobierno pronosticó que la industria marina podría crear hasta 28 mil 377 empleos y alcanzar un valor de hasta $9 mil 100 millones para 2020.
