El buen momento de la economía del Reino Unido está a punto de enfrentar dificultades.
La primera ministra Theresa May dio inicio a la retirada formal de la Unión Europea el miércoles, dejando a las empresas y los inversionistas frente a las realidades del brexit y a cambios en todo, de la regulación al movimiento de los trabajadores y los bienes. También hay falta de claridad respecto a si se podrá llegar a un buen acuerdo -o a cualquier acuerdo-.
El vicegobernador del Banco de Inglaterra, Ben Broadbent, dijo la semana pasada que la economía estaba en un “nivel óptimo” posreferéndum y prebrexit para las exportaciones.
Esa situación, en la que la libra cayó pero las normas comerciales todavía no han cambiado, puede no durar, según Broadbent.
Si bien los pronósticos sobre el impacto económico del referéndum hasta el momento han resultado demasiado pesimistas, la mayoría se refería a “cuando entren en juego las barreras comerciales”, dijo Swati Dhingra, profesor de economía de la London School of Economics que se especializa en política comercial. “Eso no ha sucedido… todavía no hemos salido”.
La incertidumbre del brexit ya está demostrando ser un factor que incide en los planes de inversión de algunas compañías, mientras que una inflación más veloz como resultado de la depreciación de la libra esterlina podría afectar al gasto de consumo.
