Aquel potrillo que hace unos días batía su cola para espantarse las moscas de color verde recién bañadas en excremento que se posaban sobre su lomo, y que corría con paso firme por la finca, ya no era el mismo. La estomatitis vesicular lo estaba doblegando.
Aunque casi nunca les provoca la muerte, cuando esta enfermedad ataca a los caballos, bovinos y a los cerdos, parece quitarles el ánimo de vivir.
Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), la estomatitis vesicular es una enfermedad viral caracterizada por la producción de máculas, vesículas y erosiones en la membrana mucosa oral, o sobre la piel de los pezones o de las patas.
La misma se transmite por contaminación transcutánea o a través de las mucosas.
La OIE señala que la estomatitis vesicular es más frecuente durante la estación lluviosa en las zonas tropicales, aunque en algunos países también se registra durante la estación seca.
Generalmente, dice el organismo de Sanidad Animal, desaparece con las primeras heladas en las zonas templadas
La enfermedad, advierte la OIE, se puede confundir con la fiebre aftosa, aunque los caballos son resistentes a la aftosa, pero susceptibles a la estomatitis vesicular.
En Panamá, hasta el pasado mes de julio se habían investigado 22 casos de la enfermedad, de los cuales 16 resultaron positivos. Todos ellos se registraron en la provincia de Chiriquí, según reportan estadísticas de la Comisión Panamá-Estados Unidos para la Erradicación del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG).
Esos mismos datos indican que las muestras de vesiculares procesadas en la región centroamericana, hasta julio de este año, revelan que Costa Rica marchaba a la cabeza con 58 muestras, Nicaragua con 58, y Panamá con 22.
La presencia de la estomatitis vesicular en Panamá y Centroamérica nos indica la necesidad de mantener una mayor vigilancia epidemiológica, afirma un documento del Laboratorio de Diagnóstico de Enfermedades Vesiculares (LADIVES), que brinda servicios de diagnóstico de enfermedades vesiculares a todos los países del área centroamericana.
En Panamá, los primeros brotes de esta enfermedad se diagnosticaron en 1953.
De acuerdo a la COPEG, desde la década del 70, tanto en la provincia de Darién como en el resto del territorio nacional, se iniciaron acciones de educación sanitaria para preparar a las comunidades, en especial a los productores pecuarios, sobre el tema de la prevención de la fiebre aftosa y la necesidad de estar atentos a la aparición de signos compatibles con esa enfermedad.
Todo esto, teniendo en cuenta que en nuestro país existe una enfermedad con la cual hemos convivido desde siempre, la estomatitis vesicular, conocida comúnmente como gabarro, cuyos síntomas son muy similares a los de la aftosa.
Desde hace unos años, funcionarios de COPEG realizan una vigilancia las 24 horas del día, los 365 días del año, la cual consiste en la atención a denuncias y envío inmediato de muestras al laboratorio para el diagnóstico.
Un informe de esta entidad indica que entre las medidas llevadas a cabo para la vigilancia de enfermedades vesiculares está la visita a fincas ganaderas, motivando a los productores para que efectúen la denuncia de animales con síntomas similares a los de la fiebre aftosa, y estableciendo puntos de control de movilización de animales que salen de la provincia de Darién.
La COPEG le brinda seguimiento a la estomatitis vesicular o gabarro, para salir de la duda de si se trata de aftosa o no, ya que los síntomas son muy similares.
Además, señala el documento, el hecho de tener una estructura de vigilancia activa y seria de las enfermedades vesiculares da como resultado un buen programa de prevención, que le confiere al país una condición de prestigio y de garantía para competir en el mercado internacional.
Un dato curioso: La enfermedad se presenta únicamente en el continente americano.