Antes de adquirir cualquier producto, principalmente alimenticio o medicinal, es indispensable leer y considerar la información que presenta el etiquetado.
Es necesario conocer la naturaleza del artículo que vas a adquirir. Todo con la finalidad de que puedas tomar la decisión de compra con mayores elementos de juicio.
Leer la información que aparece en las etiquetas es algo indispensable que ningún consumidor debe obviar. De esta manera el consumidor podrá estudiar o conocer, entre otros datos, las advertencias de riesgo potencial por medio de leyenda o símbolos precautorios, cuando se trate de productos peligrosos. Ejemplo: productos tóxicos, no deje al alcance de los niños, inflamable.
También a través del etiquetado, podrá conocer la fecha de vencimiento del producto (que obligatoriamente debe estar colocada en el empaque), y de esta manera poder escoger el de mejor calidad y caducidad.
Con frecuencia observamos en supermercados, abarroterías y otros centros de expendio, que los compradores no revisan los productos que adquieren, en especial, no verifican la fecha de vencimiento o que esta esté visible en el producto. Entre las informaciones más importantes que debe tener el etiquetado, en los productos enlatados o envasados, están el nombre de la empresa fabricante y su país de origen; peso, volumen o dimensión, según la naturaleza del producto; calidad, composición o tipo de producto; fecha de fabricación y de expiración; y la identificación del lote en la etiqueta o sobre la tapa.
La semana pasada nos alertó la denuncia de los productores sobre la comercialización de una leche importada como evaporada, cuando según los ingredientes descritos en la etiqueta no es un producto totalmente lácteo, sino una bebida saborizante que simula la leche. Para comprobar si era cierta esta revelación, analizamos el etiquetado de uno de estos productos y nos percatamos de que efectivamente de acuerdo a sus componentes no es 100% lácteo, lo que comprueba por qué son más baratos que la marca que utiliza leche producida localmente.
Por lo demás, no está de más que seamos conscientes de que no todo producto importado, aunque sea más barato, sea mejor que el producto nacional.
Constantemente se dan reportes de productos fabricados en otros países, que deben ser retirados del mercado por estar contaminados o presentar anomalías en su elaboración.
Consumiendo lo que el país produce, apoyamos nuestra soberanía alimentaria y garantizamos la permanencia de nuestros productores en sus habituales labores.
No hay la menor duda, mientras que un consumidor esté debidamente informado, su poder en el mercado crecerá.