El fondo soberano de Noruega, el más grande del mundo, mejoró su imagen de inversor responsable reclamando limitar el salario de los directivos y una transparencia fiscal de las empresas.
En cada empresa, el “consejo de administración debería (...) presentar un límite para la remuneración total” del director general “para el año siguiente”, considera el Banco Central noruego, encargado de gestionar el fondo, en un nuevo “documento de posición”.
En un momento en el que aumentan los grandes salarios, esta toma de posición es especialmente importante porque el fondo está presente en el capital de unas 9 mil empresas en todo el mundo, representando un 1.3% de la capitalización global.
Por su peso y por su gestión generalmente considerada ejemplar en materia de transparencia y de ética, el mastodonte escandinavo es a menudo un ejemplo para otros inversores. A veces tiene efecto.
El director general del gigante petrolero británico BP, Bob Dudley, vio disminuir su salario en un 40% en 2016, un año después de un voto de los accionistas contra una subida de su sueldo, únicamente a modo de consulta pero que presentó un fuerte rechazo.
Bajo la presión de la clase política y de los sindicatos, seis altos dirigentes de Bombardier aceptaron ayer en Canadá reducir a la mitad el aumento del 50% prometido inicialmente.
Volkswagen también decidió el mes pasado limitar los salarios para los miembros de su consejo de administración, una cuestión debatida a menudo en Alemania.
