Contra la costumbre de favoritismo hacia los jerarcas de las grandes empresas de Corea del Sur, las autoridades pidieron el arresto del directivo de facto de Samsung Electronics, la empresa más valiosa del país, en medio de un escándalo por tráfico de influencias que derivó en la destitución de la presidenta.
Lee Jae-yong, de 48 años y vicepresidente de Samsung Electronics, está acusado de malversación de fondos, de mentir bajo juramento durante una interpelación parlamentaria y de ofrecer un soborno de $36 millones a una amiga de la destituida presidenta Park Geun-hye, expresó Lee Kyu-chul, portavoz de la comisión investigativa del caso.
Resulta sorpresivo que las autoridades hayan requerido la detención del hombre considerado símbolo del futuro de las “chaebol”, como se le dice aquí a los conglomerados de propiedad familiar.
Ese tipo de ejecutivos por lo general son venerados como pilares de la economía nacional.
Samsung Electronics es la empresa más exitosa de Corea del Sur y fuente de orgullo para muchos ciudadanos que equiparan su éxito financiero con el prestigio mundial del país.
Los fiscales saben que el arresto de Lee podría suscitar temores de que ello perjudicaría la economía, pero el vocero de la comisión investigativa dijo a reporteros: “Creemos que lo más importante es que se haga justicia”.


