Alexis Tsipras se ha pasado casi dos años diciendo a los griegos que un acuerdo sobre la deuda y la inclusión de Grecia en el programa de estímulos del Banco Central Europeo (BCE) propiciará un auge de la inversión que aliviará la penuria de la austeridad.
El mensaje del primer ministro no ha convencido a Panagiotis Kouinis, ingeniero civil de 60 años en Corinto, quien dice que los negocios se han ido reduciendo gradualmente por todo el país durante la crisis de ocho años y ahora están casi paralizados.
“Lo que sé es que nos dicen que las pensiones se recortarán otro 20%, los salarios bajan, y ¿qué es la expansión cuantitativa?”, dijo Kouinis en una entrevista en su oficina cerca del centro de la ciudad. “¿Tenemos que ser economistas para poder entender lo que están diciendo?”.
En todo el país, en lugares como Corinto, centro industrial a unos 80 kilómetros al oeste de Atenas, los griegos han pasado años de penuria, mientras los informativos los bombardean diariamente con noticias de reuniones y decisiones en Bruselas y Fráncfort que determinarán su futuro económico.
Mientras tanto, a la vez que las medidas de estímulo del BCE —entre ellos el programa de compra de activos— impulsan el resto de la economía de la zona euro, la producción de Grecia está estancada, haciendo que su población sea la más pesimista en la región.
Sin embargo, sigue siendo improbable que el BCE incluya bonos griegos en su programa de expansión cuantitativa en un futuro previsible, dice una persona familiarizada con el asunto.
Esto se debe a que probablemente una reunión hoy de los ministros de Finanzas de la zona euro —cuyos electorados son recelosos del alivio de la deuda— no resulte en un acuerdo.
Puede haber un pacto para desembolsar más préstamos de rescate, pero sin flexibilizar los plazos de reembolso como para satisfacer al BCE y al Fondo Monetario Internacional.
