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VALOR RAZONABLE

‘Guerra’en tiempos de paz

Somos inmensamente afortunados. Vivimos tiempos de paz entre grandes potencias. Por ello la narrativa bélica alrededor de la disputa entre los Estados Unidos y China en torno al déficit comercial entre las dos naciones resulta en perspectiva histórica, poco esclarecedora.

La prensa económica especializada habla de “guerra” comercial tratando de atraer de cualquier manera la atención del lector. No puede haber “guerra” sin muertos. Lo que existe entre Estados Unidos y China es una disputa económica con raíces políticas.

El déficit comercial entre Estados Unidos y China es enormemente favorable a China por cientos de miles de millones de dólares al año (Estados Unidos compra más a China de lo que China le compra a Estados Unidos).

La apertura de la economía china en la década de 1980, permitió al mundo aprovechar una oferta prácticamente ilimitada de mano de obra barata, lo que a su vez hizo que innumerables fábricas y empleos manufactureros cerraran en Estados Unidos para trasladar su producción a China (acceso a millones de empleados o contratistas competentes a un par de dólares, la hora, por cabeza, es una propuesta de negocios casi imposible de rechazar).

El desempleo resultante y sus consecuencias crearon malestar en ciertas regiones estadounidenses que vivían de la manufactura: Ohio, Michigan, Pensilvania, entre otras.

Un malestar económico es fácilmente traducible a capital político si el hombre con los instintos correctos entra en escena.

Donald Trump construyó su campaña y eventualmente, contra casi todo pronóstico, alcanzó la presidencia de Estados Unidos convenciendo a un sector del electorado de estos estados políticamente claves de que la situación es injusta y potencialmente reversible.

La sustancia de esta tesis de Trump es discutible (la afirmación de que un déficit comercial es un fenómeno negativo per se no es cierta), pero como eslogan funciona donde más importa. Le dio los votos del Colegio Electoral necesarios para llegar a la Casa Blanca, los cuales necesitará de nuevo en el 2020.

Por otra parte, la disputa comercial con China tiene el beneficio agregado de aplacar al ala neoconservadora de su partido, que observa con suspicacia el ascenso de China y que ve con agrado la oportunidad de confrontar a Pekín.

De ahí que la retórica de la “guerra” resulte torpe para describir una disputa de fondo comercial que enmascara un cálculo político doméstico.

Quizá los titulares que nos bombardean con un lenguaje inadecuado sea otra manifestación de la perenne incapacidad del gremio de analistas de entender al telúrico inquilino de la Casa Blanca.

El autor es financista.


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