La inflación de Brasil está cerca del nivel más bajo que haya registrado en décadas y, por primera vez, los responsables de política están preocupados de que no llegará al objetivo. ¿Su solución? Una mayor flexibilización monetaria.
En las minutas de la reunión del 21 de marzo en la que el banco central recortó la tasa referencial Selic en 25 puntos base al 6.5%, la entidad dijo que la inflación era más benigna de lo esperado y que se proyecta que suba menos, a pesar de los recientes recortes a las tasas de interés.
“El Copom juzgó que la dinámica de varias medidas inflacionarias subyacentes indicaba un mayor riesgo de demora en la convergencia de la inflación hacia los objetivos”, escribieron los encargados de política en las minutas publicadas ayer. “En este contexto, un estímulo monetario adicional mitigaría este riesgo.”
El anuncio marcó un giro inesperado respecto de febrero, cuando la autoridad monetaria sugirió que su ciclo de flexibilización más agresivo en una década podría haber terminado.
Desde entonces, una serie de datos positivos respecto de los precios al consumidor sorprendió tanto a los economistas del sector privado como al banco central. Los datos, junto con señales de que un alza del consumo estaba disminuyendo, abrieron la puerta a una mayor flexibilización que muy pocos esperaban.
El lunes, la encuesta semanal del banco central a economistas registró nuevas reducciones en las expectativas inflacionarias: la proyección para finales de 2018 se contrajo al 3.57%, muy por debajo del objetivo oficial del 4.5%.
