El equipo económico del presidente uruguayo, José Mujica, reconoció a la inflación como el principal dolor de cabeza y a la promoción de nuevas inversiones como el mayor reto.
Ante un auditorio de empresarios y autoridades, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, transmitió tranquilidad al confirmar que el producto interno bruto (PIB) crecerá 4% este año, encadenando 11 avances anuales.
En esa disertación organizada por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), el presidente del Banco Central (BCU), Mario Bergara, minimizó el impacto del gasto y los salarios en el ritmo inflacionario.
Bergara admitió el pasado martes que el índice de precios al consumo (IPC), que en el año móvil con cierre en octubre se sitúa en 8.67%, es la única variable macroeconómica que “desentona”. Por eso, dijo, se trabaja para “que converja lo antes posible al rango objetivo” del Gobierno (4%-6%) y “no entre en un proceso de espiral”.
“La inflación es el impuesto más regresivo, el que ataca a los pobres” y su combate es “una responsabilidad ética, del Gobierno, del BCU y de la sociedad”, planteó. Sobre el efecto del gasto público en el IPC, mencionado insistentemente por analistas como uno de sus motores, reconoció que existe un vínculo pero que no lo explica en su totalidad. Ejemplificó que para bajar 2 puntos porcentuales de inflación “tendríamos que hacer un ajuste fiscal de cinco puntos de PIB”.
