Mientras que sus administradores se sienten preocupados, las autoridades de cultura afirman que la estación Accel ubicada en Panamá Viejo debe ser removida por respeto a las ruinas decretadas este año Patrimonio Histórico de la Humanidad.
Al estar inscrito en la lista de patrimonio mundial, nuestro país no solo adquiere un honor o un orgullo, sino que también una responsabilidad que tenemos que conservar y mantener para las futuras generaciones de la mejor manera posible. Una de las cosas que es ineludible es remover este tipo de situaciones que son los elementos discordantes, señaló el director de Patrimonio Histórico de la Humanidad del Instituto Nacional de Cultura, Carlos Fitzgerald.
Para las autoridades de cultura, dicha estación, un lava-autos, un taller automóviles y los estacionamientos para buses ubicados junto a la Vía Cincuentenario no son coherentes con el valor del conjunto histórico.
El problema es que no se contempla ninguna indemnización, y los administradores de las instalaciones están preocupados.
Así lo expresaron las dirigentes Evangelista Gutiérrez y Tomasa Murillo, quienes explicaron que los dueños de las mejoras realizadas en dichas instalaciones son miembros del Sindicato Unico de Trabajadores del Transporte de la República de Panamá.
Al operar esas instalaciones, unas 50 familias logran su sustento, según dijeron.
Se trata de obras que tienen un valor de 250 mil dólares y que ocupan una hectárea de terreno.
La estación de combustible vende unos 45 mil galones de derivados de petróleo al mes, y unos 10 buses se estacionan en el recinto.
Evangelista Gutiérrez señala que su presencia en el lugar está respaldada por un plano que lleva la firma de la entonces responsable del Patrimonio Histórico, la desaparecida antropóloga Reina Torres de Araúz.
La especialista les había concedido un permiso indefinido que les ha permitido desarrollar su negocio.
Ante el eventual cierre, según expresaron, deben hacerle frente a las prestaciones laborales de decenas de trabajadores.
La dirigente manifestó que han intentado expresarle sus inquietudes a las autoridades, sin poder conseguir una cita.
Fitzgerald, por su lado, sostuvo que la remoción de esos negocios no es algo nuevo, y añadió que nosotros estamos en la mejor disposición de trabajar en conjunto para evitar afectar a las personas. Patrimonio Histórico no va a imponer ni va a atropellar a nadie. A nosotros nos interesa trabajar en conjunto, pero no podemos permitir imposiciones.
Según el funcionario, lo ideal es que cerca del conjunto monumental operen negocios armónicos y que se considere que el lugar es centro de investigaciones y un centro turístico.
El problema es que en Panamá no estamos acostumbrados a considerar la cultura como una ganancia, sino que como pérdida. Debemos de entender que es un valor agregado que tiene beneficios para los negocios, pero hay que ser inteligente y saber cómo aprovecharlo, sostuvo Fitzgerald.
Para la compañía Petrolera Nacional Accel, el hecho de que el complejo monumental de Panamá Viejo haya sido nombrado Patrimonio de la Humanidad es un orgullo que la empresa comparte y llamó a que las autoridades, el Patronato Panamá Viejo, la empresa privada y los panameños, definan una estrategia de trabajo conjunta.
La estación Accel es uno de los muchos negocios que operan en las áreas aledañas al complejo, los cuales se mantienen a la espera de una definición de las autoridades sobre su situación inmediata, señaló un comunicado de Accel. Añade que como empresa estamos listos para acatar de forma inmediata la decisión de las autoridades.
