Nguyen Thi Thanh Loan pasó toda su infancia en los campos con lo justo para comer cada día. Hoy trabaja en una fábrica Ford al este de Hanói, un empleo que le permite comprar leche importada y juguetes para sus hijos.
Es una de los millones de vietnamitas que vieron sus vidas transformadas por los efectos de la globalización y la llegada de inversiones extranjeras a este país pobre que ahora tiene uno de los crecimientos económicos más sostenidos de Asia.
“Antes, los niños no tenían mucha ropa o comida, pero la vida ha mejorado porque los padres lograron empleos en las fábricas”, explica esta obrera de Hai Duong, a 50 km de la capital.
Convertida en economía exportadora, Vietnam registra desde hace cinco años un crecimiento anual superior a 5%.
“Abriéndose a nivel mundial, a nivel regional, Vietnam cosechó claramente los frutos de la globalización”, considera Ousmane Dione, director para Vietnam del Banco Mundial.
