Antes del comienzo del Congreso del Partido Comunista Chino (PCC), en el que Xi Jinping logrará según todos los observadores un nuevo mandato de cinco años, los inversores extranjeros esperan que el presidente cumpla sus promesas de apertura de la segunda economía mundial.
En 2013, poco después de asumir su cargo, el primer ministro chino Li Keqiang entusiasmó a los dirigentes de la edición china del Foro Económico Mundial al prometer un tratamiento “equitativo” para las firmas extranjeras, un papel más importante para el mercado y reformas estructurales a favor del sector privado.
Hoy en día, cuando está a punto de empezar el Congreso quinquenal del PCC, esta euforia parece no existir.
“Hay claramente una gran decepción”, indica a la AFP Christopher Balding, profesor de la Universidad de Pekín en Shenzhen. “China está mucho más centralizada que hace cinco años. Esto hace que sea muy complicado afirmar que está preparada para abrir su economía”, insiste.
Las empresas extranjeras se quejan de las discriminaciones drásticas que sufren en ciertos sectores, mientras que Washington y Bruselas denuncian el proteccionismo del gigante asiático.
La cámara de comercio europeo en Pekín señala por su parte una “lasitud” frente a unos “compromisos que nunca se concretizaron”.
